07/22/2026
Yo no me había dado cuenta de la importancia de construir una relación conmigo misma; durante muchos años me dediqué a las relaciones personales, familiares, sociales y de trabajo.
Viví, yo diría, mis tres primeras décadas en el afuera, la mayoría de las veces intentando darle gusto a los otros, intentando encajar y buscando aprobación.
La mayoría de nosotros, a una cierta edad, solo nos damos tiempo para cumplir con nuestras responsabilidades, para atender a otras personas y para responder a las demandas del mundo entero, y terminamos descuidando la relación más importante que debemos aprender a cultivar.
¿Sabes cuál es?
La relación con nosotros mismos.
¿Te has preguntado qué necesitas?, ¿qué te hace sentir a gusto?, ¿qué rechazas?, ¿qué amas?, ¿qué disfrutas?, ¿con quién te sientes bien?, ¿qué lugares te gusta frecuentar?
Tienen que pasar varios años —quizás en los 40, en los 50 y de ahí en adelante— para que empieces a valorar tu propia presencia, tu propia compañía y, por supuesto, te das cuenta que hay comportamientos y creencias que debes cambiar para continuar por el camino de una manera más fluida, viviendo tu propia experiencia.
Con el tiempo he aprendido que cuidar esa relación comienza con cosas simples.
Por ejemplo: regalarme momentos de silencio para escucharme, para escuchar mis molestias y mi malestar, mi baja o exceso de energía, mis euforias y mis momentos down.
También implica no exigirme tanto, hablarme con mucho más amor, priorizarme sin sentir que quedo debiendo y cuidarme con el mismo nivel de detalle y dedicación con el que cuidaría a alguien a quien amo, respeto y admiro mucho.
Porque cuando fortalecemos la relación con nosotros mismos, todo lo demás empieza a transformarse y empezamos a encajar en donde realmente necesitamos estar.
Y tú, ¿cómo cuidas la relación más importante de tu vida?