08/09/2026
Salmo 104 (salmo de agradecimiento y para pedir las bendiciones de Dios)
Bendice, alma mía, al Señor.
Señor, Dios mío,
¡qué grande eres!
Te has vestido de majestad y esplendor;
te envuelves de luz como de un manto
y extiendes los cielos como una tienda.
Estableces tus moradas sobre las aguas,
haces de las nubes tu carro
y avanzas sobre las alas del viento.
Haces de los vientos tus mensajeros
y del fuego ardiente tus servidores.
Fundaste la tierra sobre sus bases
para que permanezca firme.
Las aguas profundas la cubrían como un vestido;
las aguas estaban sobre las montañas.
Ante tu mandato huyeron;
ante el sonido de tu voz se retiraron.
Subieron por las montañas
y descendieron por los valles
hasta el lugar que les habías señalado.
Les pusiste un límite que no pueden atravesar
para que no vuelvan a cubrir la tierra.
Haces brotar manantiales en los valles;
sus aguas corren entre las montañas.
De ellas beben los animales del campo
y encuentran agua las criaturas salvajes.
Junto a ellas habitan las aves del cielo
y entre las ramas dejan escuchar su canto.
Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces crecer la hierba para los animales
y las plantas para el servicio del ser humano,
para que de la tierra obtenga alimento:
vino que alegra el corazón,
aceite que hace resplandecer el rostro
y pan que fortalece la vida.
Los árboles del Señor reciben abundante agua,
los cedros que él plantó.
Allí hacen sus nidos las aves;
en los árboles encuentra su hogar la cigüeña.
Las altas montañas son refugio de las cabras salvajes
y las rocas protegen a pequeñas criaturas.
Hiciste la luna para señalar los tiempos
y el sol conoce el momento de su ocaso.
Traes la oscuridad y llega la noche;
entonces se mueven los animales del bosque.
Los leones jóvenes rugen buscando su presa
y buscan de Dios su alimento.
Sale el sol
y ellos se retiran
y descansan en sus guaridas.
Entonces sale el ser humano a realizar su trabajo
y continúa su labor hasta la tarde.
¡Cuán numerosas son tus obras, Señor!
Todas las hiciste con sabiduría.
La tierra está llena de tus criaturas.
Allí está el mar, grande e inmenso,
lleno de innumerables seres,
criaturas pequeñas y grandes.
Por él navegan las embarcaciones
y allí viven las grandes criaturas del mar.
Todos esperan de ti
que les des alimento a su tiempo.
Cuando se lo das, lo reciben;
cuando abres tu mano,
se llenan de bienes.
Cuando ocultas tu rostro, se inquietan;
cuando retiras su aliento, mueren
y regresan al polvo.
Cuando envías tu espíritu, son creados,
y renuevas la faz de la tierra.
Que la gloria del Señor permanezca para siempre.
Que el Señor se alegre en sus obras.
Él mira la tierra y esta tiembla;
toca las montañas y ellas humean.
Cantaré al Señor mientras viva;
entonaré alabanzas a mi Dios
mientras tenga existencia.
Que mi meditación le sea agradable;
yo me alegraré en el Señor.
Que desaparezca de la tierra la maldad
y que no permanezca la injusticia.
Bendice, alma mía, al Señor.
¡Alabado sea el Señor!