09/30/2026
De niña, no veía bien el pizarrón. Pero como no conocía otra manera de ver, pensaba que era normal.
Hasta que una maestra lo notó, habló con mi papá y me llevaron a revisar la vista. Cuando me pusieron lentes, me sorprendí: podía ver los números con claridad, incluso desde el fondo del salón.
Años después, al estudiar Un Curso de Milagros, recordé esa sensación. Empezaba a mirar mi vida de una manera que antes no conocía.
Las dificultades seguían ahí. Había situaciones inesperadas, pérdidas y momentos dolorosos. Pero, con la práctica, fui descubriendo que podía responder de otra manera.
Empecé a reconocer cuánto me aferraba a la idea de cómo debían suceder las cosas. Y cómo esa exigencia me impedía encontrar paz en lo que estaba viviendo.
Practicar también fue aprender a soltar ese control y confiar en que el Espíritu Santo me acompañaría en cada proceso, aunque yo no tuviera todas las respuestas.
Poco a poco, cambió mi relación conmigo misma y con los demás. Empecé a experimentar paz justamente donde antes no la encontraba: cuando las cosas no salían como yo esperaba. 🤍 Quiero leerte...
💬 ¿Qué te cuesta aceptar cuando las cosas no salen como quieres?