09/15/2026
🤍A veces pienso en esa niña que muchas veces prefería quedarse en el aula durante el recreo. La que era tímida, observadora y que, aunque quizás no sabía ponerlo en palabras, muchas veces sentía que no terminaba de encajar.
Ella no sabía que años después iba a dedicar gran parte de su vida a acompañar a niños y familias. Mucho menos sabía que una de las cosas que más iba a importarle sería intentar crear para otros esos espacios donde puedan sentirse seguros, comprendidos y respetados.
Hoy sé que acompañar a un niño no significa moldearlo para que encaje mejor en el mundo. Para mí significa intentar comprenderlo, darle herramientas que le ayuden a desenvolverse, reconocer sus fortalezas y, muchas veces, trabajar también con el entorno para que sea el entorno el que aprenda a hacer los ajustes necesarios.
Significa educar a quienes lo acompañamos para mirar más allá de una conducta. Preguntarnos qué está comunicando, qué necesita, qué podemos cambiar nosotros y cómo podemos ayudarlo sin perder de vista quién es.
No quiero que los niños con los que trabajo aprendan que necesitan dejar de ser ellos mismos para ser aceptados. Quiero que puedan desarrollar habilidades, ganar independencia, comunicarse mejor, sentirse más seguros y descubrir todo lo que son capaces de hacer, sin que para lograrlo tengamos que apagar aquello que los hace únicos.
Y cuando miro esta foto, pienso que estoy orgullosa de esa niña. Porque quizás ella todavía no lo sabía, pero todo lo que sintió, observó y aprendió también fue formando la sensibilidad con la que hoy intento acompañar a otros.
Qué bonito poder crecer y convertirnos, de alguna manera, en ese espacio seguro que quizá alguna vez también necesitamos 🫂❤️