10/01/2026
«No quedé para semilla»
Mi mamá tenía una manera muy particular de mirar la vida.
Ante las dificultades siempre decía:
“Es lo mejor que pasa.”
Y cuando hablaba de la muerte, decía con esa naturalidad tan suya:
“Yo no voy a quedar para semilla.”
Hace seis años que se fue.
Y qué cosa tan curiosa, Mamaita…
no quedaste para semilla, pero cada día siento que estás más sembrada en nosotros.
Estás en mis recuerdos, en mis gestos, en cosas que digo y de pronto descubro que eran tuyas.
Y, de vez en cuando, siento que hasta encuentras la manera de responderme.
Hace unos días estaba buscando unos forros para unos cojines y no encontraba lo que quería. Y pensé inmediatamente en ti.
“Si estuvieras aquí, tú me los estarías haciendo.”
Porque tú cosías. Tú resolvías. Tú agarrabas una tela y hacías aparecer lo que hacía falta.
Y justo mientras pensaba en ti, un cojín azulito con plateado se me vino encima, cayó en mis manos.
Me quedé mirándolo.
No combinaba. Era pequeño. No era lo que estaba buscando.
Y pensé:
“Carajo, Mamaita… estás ahí.”
Como si me dijeras:
“Bueno, aquí estoy pues. ¿Querías un cojín? Toma tu cojín.” 😂
No me lo llevé. Y ahora pienso que debí habérmelo traído, aunque no combinara con nada.
Porque quizás nunca se trató del cojín.
Se trataba de sentirte.
Hoy se cumplen seis años desde que te fuiste y entiendo algo que antes no entendía:
hay personas que no necesitan quedarse físicamente para seguir estando.
Tú decías que no ibas a quedar para semilla.
Y mírate…
seis años después, sigues floreciendo en nosotros.
Te extraño, mi gorda .
Y de tantas maneras, todavía te encuentro. ❤️