06/09/2026
Esperé tanto mi momento que casi no reconocí lo que estaba ocurriendo.
Porque imaginaba la victoria de otra manera.
Pensaba que llegaría haciendo ruido.
Con una noticia.
Una puerta abriéndose.
Algo tan grande que pudiera mirar hacia atrás y decir...
«Todo aquello valió la pena.»
Pero no llegó así.
Una mañana desperté…
y no sentí la necesidad de demostrarle nada a nadie.
Otro día recordé algo que antes dolía y pude seguir con mi vida.
Dejé de esperar algunas llamadas.
De perseguir ciertas respuestas.
Empecé a disfrutar momentos pequeños sin preguntarme cuánto durarían.
Y aquello me desconcertó.
Después de tantas batallas, esperaba una victoria.
No aquella calma sencilla.
Entonces comprendí que quizá llevaba demasiado tiempo mirando el marcador equivocado.
Había contado lo perdido.
Las veces que caí.
Las personas que se marcharon.
Los planes que no sucedieron.
Pero nunca había contado todas las veces que algo dentro de mí decidió continuar sin hacer ruido.
Y por primera vez dejé de preguntarle a la vida:
«¿Cuándo me toca ganar?»
Porque quizá ganar no era conseguir finalmente todo aquello que un día pedí.
Quizá era poder mirar lo que no llegó…
sin sentir que mi vida había perdido por ello.
Todavía tengo sueños.
Todavía deseo cosas.
Todavía habrá días difíciles.
Pero ya no necesito que el próximo capítulo compense todos los anteriores.
Y quizá esa sea una victoria que nunca imaginé...
dejar de esperar que la vida me devolviera lo perdido para empezar a querer la vida que todavía tengo.
__Reflexiones