02/08/2026
Recuéstate en su alegría, duerme en su manto...descansa para reponerte y seguir el camino de armonía y bendiciones que Oxum prodiga. Consultas cel 099 215 451 Solicitar turno por wpp escrito. En las tranquilas aguas donde el oro refleja la creación, reside la soberana de Ijexá, un profundo misterio ataviado con vestiduras bañadas por el sol. Oxum no es solo la fluidez que sacia la tierra, sino el hilo mismo del axé que une a los vivos en lazos de afecto y continuidad. En los lechos de los ríos, donde la grava resuena como música litúrgica, manipula el secreto de la fertilidad primordial, custodiando en el vientre de las cascadas el aliento que genera vida y riqueza que no corrompe.
Dueña de Ibi, la alta morada del esplendor, lleva en sus manos el pulido Abebé de bronce, un espejo sagrado que no solo refleja la vanidad, sino que devora las sombras y revela la verdad desnuda del alma. Su andar es la brújula de Ijexá, un ritmo cadencioso donde cada paso evoca el tintineo de sus idés. Iyámi de dulzura implacable, esconde tras la miel la afilada hoja de la justicia; Una reina que habla con diplomacia y encanto, pero cuyas lágrimas de descontento se desbordan en torrentes que arrasan imperios de orgullo.
En las profundidades del pozo donde el río se calma y se vuelve misterioso, se sienta como Yeye Oquê o Yapondá, desplegándose en los rostros de una guerrera y una anciana. Es la dama que conoce la ciencia de las hojas y el clamor de las conchas de Merindilogun, el oráculo donde sus ágiles dedos descifran los caminos del destino. Su oro no es el metal que esclaviza la carne, sino el brillo alquímico de la sabiduría que corona las cabezas de sus hijos, lavando la corona espiritual con el sagrado Omieró que restaura la paz y la dignidad.
¡Ora Yeye O!, clama el bosque y la corriente responde, mientras los peces saludan el manto amarillo que desgarra la corriente. Que tu espuma sagrada purifique los dolores del corazón y que el bálsamo de tus dulces aguas sane las heridas del viaje. Que seas el río perenne que fluye sorteando obstáculos con la suave fuerza de la perseverancia, alimentando nuestra búsqueda, bendiciendo nuestra cosecha y reinando, soberano y tierno, en el altar sagrado de nuestros propios corazones