24/08/2026
El gran proceso que está en el trabajo terapéutico en general y en las constelaciones, es como logramos con el tiempo asentir y sintonizarnos con aquello que la vida quiso, aunque fuera diferente de lo que nosotros hubiéramos querido. Ahí aparecen dos grandes tareas, que el yo se lance con todas sus fuerzas a la vida en la dirección de lo que quiere y que se arriesgue y no se reserve, y la otra gran tarea es saber sintonizarse para sentir e integrar aquello que la vida quiere aunque sea distinto de aquello que nosotros queremos. Porque siempre es lo mismo: detrás de todo problema (y este es el trasfondo filosófico del trabajo terapéutico de las constelaciones, tal como explico en mi libro «Vivir en el Alma»), siempre hay algún lugar donde la persona o la familia dijo: esto no debería de haber sucedido, este hijo no debería haber mu**to, este hombre no debería haberme dejado, mi madre debería haber sido mas amorosa, y mil etcéteras. Todos los problemas toman la forma del debería haber sido, que es una oposición a lo que sido y es. Y todas las soluciones pasan por hacer el proceso de decir ¿y porqué no?, de abrir el corazón a lo que fue aunque fuera difícil, de abrir el corazón al sufrimiento, no porque el sufrimiento en sí mismo sea sanador, sino porque abrir el corazón si lo es. Se trata de integrar aquellas cosas que no fueron resueltas, y que encontramos en las constelaciones, como que una criatura abortada no fue mirada, o que un padre mujeriego no fue amado, o que la madre no se siente con fuerza en la vida porque ocultamente sigue el destino de un hermano que murió y hay que aceptar este hecho y darle un lugar.
JOAN GARRIGA