14/06/2026
¿Cuántas veces dijiste que sí cuando en realidad querías decir que no?
Para no quedar mal.
Para no molestar.
Para encajar.
Para evitar la culpa.
Pero cada vez que te alejás de lo que realmente sentís, algo adentro tuyo paga el precio.
Se acumula tensión.
Aparece la irritación.
Llega el cansancio.
Y el cuerpo empieza a expresar lo que la voz no se anima a decir.
Poner límites no es rechazar a otros.
Es dejar de rechazarte a vos mismo.
Porque no poner límites también pesa.
Y tarde o temprano, aquello que no expresás encuentra otra forma de salir.