28/06/2026
Mirá, pensá en el nervio vago como el freno del cuerpo.
Cuando vivís a mil, con estrés, preocupaciones o exigencia constante, es como si tu organismo estuviera con el acelerador clavado. El nervio vago es el que le dice: “ya está, aflojá, estamos a salvo.”
Cuando ese “freno” funciona bien:
* Bajan las pulsaciones.
* Respirás más profundo.
* Hacés mejor la digestión.
* Dormís mejor.
* Pensás con más claridad.
* Tu cuerpo deja de gastar tanta energía en sobrevivir y la usa para reparar.
¿Y los ejercicios somáticos? Son una forma de hablarle al cuerpo, no a la cabeza. Porque por más que te repitas “tranquila”, si tu sistema nervioso sigue sintiendo peligro, no te va a creer.
Movimientos lentos, respiraciones largas, balancearte, bostezar, tararear o simplemente notar cómo apoyás los pies en el piso son pequeñas señales que le dicen a tu sistema nervioso: “podés bajar la guardia.”
Al final, muchas veces no necesitás hacer más. Necesitás que tu cuerpo deje de sentir que está peleando una batalla todo el día. Ahí empieza la regulación.
Abrazo!
Toni