13/03/2024
“Hilaria quiere ser encontrada”
Como sociedad tenemos una deuda enorme con la historia afroargentina. El racismo presente en nuestro país tiene muchísimas consecuencias, entre ellas, la invisibilización de las raíces africanas.
Muy poca gente se interesa en rescatar sus orígenes afro, y esto ocurre, entre otros motivos, por la pérdida de información: la mayoría de la gente que tiene antepasados africanos directamente lo desconoce. Y es que hasta en el imaginario de la conformación de nuestra sociedad se deja de lado a esta población; decimos que 'bajamos de los barcos' haciendo alusión a las olas migratorias europeas como si fuera nuestro único origen. Pues no, también descendemos en gran medida de pobladores originarios y de personas afroargentinas.
Por estas razones, cuando nuestra consultante Annabella se acercó con la clara motivación de averiguar sobre su familia afro nos sentimos en la obligación de hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para rescatar a esa gente del olvido. Como genealogistas, no hay nada que nos haga sentir más orgullosos que desempolvar las vidas de la gente que fue ignorada por la historia oficial.
El silencio respecto a los orígenes no perdonó a la familia de Annabella; ella recuerda que nunca hubo mención de ascendencia afro. Sin embargo, la única foto existente de la bisabuela Hilaria Medina plantea otra realidad: "Hilaria tenía piel oscura, algo hay ahí y hay que sacarlo a la luz porque estoy re orgullosa. A mí un tinte de sangre europea no me convierte en blanca; yo para el hemisferio norte soy no blanca. Tengo toda una construcción sobre las personas racializadas y sé que estoy dentro de eso".
Annabella nos contó que la bisabuela Hilaria fue una persona estoica: a pesar de su origen humilde logró convertirse en propietaria y administradora de una posada en Río Gallegos con varias habitaciones que rentaba principalmente a trabajadores migrantes. Estaba catalogado, según lo que descubrimos, como "bar y restaurant Madrid", situado en la calle Roca 602 de Río Gallegos. Estamos hablando de las primeras décadas del siglo 20, tiempos en los que la gran mayoría de las mujeres estaba relegada a los ámbitos domésticos y a las tareas de cuidado. A todo esto hay que considerar la incidencia del racismo, que era inclusive más pronunciada que hoy en día. A pesar de todos los obstáculos que tuvo que enfrentar, Hilaria supo ingeniárselas para consolidarse como una mujer independiente, muy en contra de lo que su sociedad hubiera esperado de ella.
Según Annabella, Hilaria había nacido en la provincia de Corrientes, pero no encontramos ningún dato que coincidiera con ella. También dijo que debió haberse casado con el bisabuelo José Valles en Río Gallegos, sin embargo nuevamente nos topamos con un muro: el acta de matrimonio, crucial para abrir caminos de búsqueda, no aparecía por ningún lado. Entonces pasamos a otro punto del relato de Annabella: la abuela, Marcelina Valles Medina, nació en Punta Arenas, Chile. Este dato resultó ser extremadamente revelador. Pasamos a revisar toda la documentación disponible del registro civil de Punta Arenas y no pasó mucho tiempo hasta que descubrimos a la abuela Marcelina, nacida en el año 1918; también encontramos a su hermana María, de 1916, y a su hermano José Antonio, de 1921, por lo que pudimos establecer un rango temporal certero para la estadía de la bisabuela Hilaria en nuestro país vecino. Sin embargo, estos documentos no decían nada en absoluto sobre los progenitores, por lo tanto una vez más nos encontramos sin información que nos permitiera descubrir los orígenes de Hilaria.
En paralelo, habíamos consultado con especialistas en genealogía chilena para que nos guiaran en algunos aspectos; y al mismo tiempo, Annabella por su parte había entablado contacto con diferentes organizaciones de afrodescendientes en Argentina. Estábamos tratando de cubrir todos los flancos, pero una y otra vez terminábamos en caminos truncos. Permanecimos sin avances durante varias semanas, hasta que en cierto momento, Annabella nos contó una sensación extraña que tuvo: "No sé si creés en esas cosas, pero recién hablando de Hilaria con una profesora correntina, sentí que se caía un papel de la biblioteca... ¡pero no se había caído nada! Debe estar por aparecer algún acta de ella". Créanlo o no, pero la realidad es que precisamente el mismo día en que Annabella tuvo esa sensación, se produjo un descubrimiento crucial: encontramos una mención en el registro civil de Punta Arenas sobre el matrimonio de los bisabuelos Hilaria y José. ¡Por esto no lo encontrábamos en Río Gallegos, a fin de cuentas se habían casado en Chile! Si bien todo lo que nos aportó esta mención fue el año del matrimonio y los nombres de los bisabuelos, la clave fue que anotaron el apellido compuesto de Hilaria: su nombre completo era Hilaria Medina Mendieta. Ahora conocíamos los apellidos paterno y materno, por lo tanto podíamos emprender una búsqueda a partir de esta nueva variable.
A las pocas horas descubrimos una pareja argentina que podía ser la indicada: Lorenzo Medina y Tránsita Mendieta. Y este descubrimiento nos llevó a otro, más importante aún, ¡el acta de bautismo de la bisabuela Hilaria! Hilaria Medina Mendieta había nacido en Misiones el 14 de enero de 1888, y fue bautizada en la parroquia de San José de Posadas en el año 1891. Increíblemente, Annabella se había adelantado a este descubrimiento a pesar de todas las dificultades que veníamos afrontando; tiempo atrás, nos había comentado que “Hilaria quiere ser encontrada”, y no podemos negarlo bajo ninguna circunstancia porque las predicciones fueron correctas.
Tampoco podemos ofrecer una explicación satisfactoria para este fenómeno, pero de lo que no nos quedan dudas es que Annabella tiene una conexión muy profunda con sus antepasados que, de alguna manera u otra, orientó su sentido de la intuición.
Gabriela Caballero, afrodescendiente e investigadora correntina, le confirmó a Annabella a partir de los datos descubiertos que sus tatarabuelos definitivamente tenían origen afroargentino o inclusive afroguaraní. También consiguió el acta de bautismo de un hermano mayor de la bisabuela Hilaria, Luis Medina, nacido en Ituzaingó, Corrientes, en 1886. Al fin y al cabo, los tatarabuelos sí eran correntinos, tal y como el relato oral afirmaba erróneamente para la bisabuela Hilaria.
Los tatarabuelos Lorenzo Medina y Tránsita o María del Tránsito Mendieta eran correntinos nacidos en la década de 1860. Pasaron su infancia durante el desarrollo de la Guerra del Paraguay, periodo terriblemente convulsionado para toda la región; eran agricultores de las zonas de Ituzaingó y Santo Tomé, y sabemos que atravesaron muchísimas dificultades económicas, como se desprende del contexto histórico: sin derechos laborales, en condiciones precarias extremas, sobreviviendo día a día a los embates del racismo y del modelo agroexportador que exprimía las vidas de los trabajadores rurales. No tuvieron acceso a educación formal, ni a hospitales. Esto explica las numerosas migraciones que protagonizaron la bisabuela Hilaria y sus padres: de Corrientes a Misiones, luego a Corrientes de nuevo, más tarde a Santa Cruz, después a Chile y finalmente Santa Cruz otra vez. Estos desplazamientos tienen un nexo en común, la necesidad imperiosa de buscar mejores condiciones de vida.
Por los tiempos que tuvimos a nuestra disposición no llegamos a realizar más descubrimientos sobre estas personas, pero logramos derribar el muro de silencio que cubría sus identidades. El paso más importante era poder romper el velo invisibilizador de la historia oficial, y esto por fortuna lo pudimos conseguir. Pero más importante todavía fue poder otorgarle a Annabella una base documental sólida sobre la que se podrá construir más a futuro. Ahora, los sentimientos de orgullo ligados a sus orígenes tienen mayor asidero, y la evidencia permite que echen raíces todavía más profundas. En la gran mayoría de los casos, las poblaciones más empobrecidas tuvieron negada la preservación de su identidad y de su historia; por esta razón es que creemos indispensable este tipo de trabajo: sin recuperación de la memoria la posibilidad de generar cambios concretos en el presente se reduce drásticamente.
La evidencia histórica le grita a la hegemonía “Aquí estuvimos, nuestras vidas no pasaron desapercibidas, sobrevivimos, y nuestros descendientes están desperdigados por el mundo”. Esperamos que con el tiempo podamos sumar cada vez más relatos que reivindiquen las identidades que han sido injustamente negadas.
Y ustedes, ¿se animan a emprender este viaje de autodescubrimiento? ¡Les leemos en los comentarios!