Indagaciones Genealógicas

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- Búsqueda de actas de nacimiento, matrimonio y defunción
- Genealogista
- Paleógrafo
- Construcción de árboles genealógicos
- Investigación de historia familiar a partir de documentos escritos

“Hilaria quiere ser encontrada”Como sociedad tenemos una deuda enorme con la historia afroargentina. El racismo presente...
13/03/2024

“Hilaria quiere ser encontrada”

Como sociedad tenemos una deuda enorme con la historia afroargentina. El racismo presente en nuestro país tiene muchísimas consecuencias, entre ellas, la invisibilización de las raíces africanas.
Muy poca gente se interesa en rescatar sus orígenes afro, y esto ocurre, entre otros motivos, por la pérdida de información: la mayoría de la gente que tiene antepasados africanos directamente lo desconoce. Y es que hasta en el imaginario de la conformación de nuestra sociedad se deja de lado a esta población; decimos que 'bajamos de los barcos' haciendo alusión a las olas migratorias europeas como si fuera nuestro único origen. Pues no, también descendemos en gran medida de pobladores originarios y de personas afroargentinas.

Por estas razones, cuando nuestra consultante Annabella se acercó con la clara motivación de averiguar sobre su familia afro nos sentimos en la obligación de hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para rescatar a esa gente del olvido. Como genealogistas, no hay nada que nos haga sentir más orgullosos que desempolvar las vidas de la gente que fue ignorada por la historia oficial.

El silencio respecto a los orígenes no perdonó a la familia de Annabella; ella recuerda que nunca hubo mención de ascendencia afro. Sin embargo, la única foto existente de la bisabuela Hilaria Medina plantea otra realidad: "Hilaria tenía piel oscura, algo hay ahí y hay que sacarlo a la luz porque estoy re orgullosa. A mí un tinte de sangre europea no me convierte en blanca; yo para el hemisferio norte soy no blanca. Tengo toda una construcción sobre las personas racializadas y sé que estoy dentro de eso".

Annabella nos contó que la bisabuela Hilaria fue una persona estoica: a pesar de su origen humilde logró convertirse en propietaria y administradora de una posada en Río Gallegos con varias habitaciones que rentaba principalmente a trabajadores migrantes. Estaba catalogado, según lo que descubrimos, como "bar y restaurant Madrid", situado en la calle Roca 602 de Río Gallegos. Estamos hablando de las primeras décadas del siglo 20, tiempos en los que la gran mayoría de las mujeres estaba relegada a los ámbitos domésticos y a las tareas de cuidado. A todo esto hay que considerar la incidencia del racismo, que era inclusive más pronunciada que hoy en día. A pesar de todos los obstáculos que tuvo que enfrentar, Hilaria supo ingeniárselas para consolidarse como una mujer independiente, muy en contra de lo que su sociedad hubiera esperado de ella.
Según Annabella, Hilaria había nacido en la provincia de Corrientes, pero no encontramos ningún dato que coincidiera con ella. También dijo que debió haberse casado con el bisabuelo José Valles en Río Gallegos, sin embargo nuevamente nos topamos con un muro: el acta de matrimonio, crucial para abrir caminos de búsqueda, no aparecía por ningún lado. Entonces pasamos a otro punto del relato de Annabella: la abuela, Marcelina Valles Medina, nació en Punta Arenas, Chile. Este dato resultó ser extremadamente revelador. Pasamos a revisar toda la documentación disponible del registro civil de Punta Arenas y no pasó mucho tiempo hasta que descubrimos a la abuela Marcelina, nacida en el año 1918; también encontramos a su hermana María, de 1916, y a su hermano José Antonio, de 1921, por lo que pudimos establecer un rango temporal certero para la estadía de la bisabuela Hilaria en nuestro país vecino. Sin embargo, estos documentos no decían nada en absoluto sobre los progenitores, por lo tanto una vez más nos encontramos sin información que nos permitiera descubrir los orígenes de Hilaria.

En paralelo, habíamos consultado con especialistas en genealogía chilena para que nos guiaran en algunos aspectos; y al mismo tiempo, Annabella por su parte había entablado contacto con diferentes organizaciones de afrodescendientes en Argentina. Estábamos tratando de cubrir todos los flancos, pero una y otra vez terminábamos en caminos truncos. Permanecimos sin avances durante varias semanas, hasta que en cierto momento, Annabella nos contó una sensación extraña que tuvo: "No sé si creés en esas cosas, pero recién hablando de Hilaria con una profesora correntina, sentí que se caía un papel de la biblioteca... ¡pero no se había caído nada! Debe estar por aparecer algún acta de ella". Créanlo o no, pero la realidad es que precisamente el mismo día en que Annabella tuvo esa sensación, se produjo un descubrimiento crucial: encontramos una mención en el registro civil de Punta Arenas sobre el matrimonio de los bisabuelos Hilaria y José. ¡Por esto no lo encontrábamos en Río Gallegos, a fin de cuentas se habían casado en Chile! Si bien todo lo que nos aportó esta mención fue el año del matrimonio y los nombres de los bisabuelos, la clave fue que anotaron el apellido compuesto de Hilaria: su nombre completo era Hilaria Medina Mendieta. Ahora conocíamos los apellidos paterno y materno, por lo tanto podíamos emprender una búsqueda a partir de esta nueva variable.
A las pocas horas descubrimos una pareja argentina que podía ser la indicada: Lorenzo Medina y Tránsita Mendieta. Y este descubrimiento nos llevó a otro, más importante aún, ¡el acta de bautismo de la bisabuela Hilaria! Hilaria Medina Mendieta había nacido en Misiones el 14 de enero de 1888, y fue bautizada en la parroquia de San José de Posadas en el año 1891. Increíblemente, Annabella se había adelantado a este descubrimiento a pesar de todas las dificultades que veníamos afrontando; tiempo atrás, nos había comentado que “Hilaria quiere ser encontrada”, y no podemos negarlo bajo ninguna circunstancia porque las predicciones fueron correctas.

Tampoco podemos ofrecer una explicación satisfactoria para este fenómeno, pero de lo que no nos quedan dudas es que Annabella tiene una conexión muy profunda con sus antepasados que, de alguna manera u otra, orientó su sentido de la intuición.
Gabriela Caballero, afrodescendiente e investigadora correntina, le confirmó a Annabella a partir de los datos descubiertos que sus tatarabuelos definitivamente tenían origen afroargentino o inclusive afroguaraní. También consiguió el acta de bautismo de un hermano mayor de la bisabuela Hilaria, Luis Medina, nacido en Ituzaingó, Corrientes, en 1886. Al fin y al cabo, los tatarabuelos sí eran correntinos, tal y como el relato oral afirmaba erróneamente para la bisabuela Hilaria.
Los tatarabuelos Lorenzo Medina y Tránsita o María del Tránsito Mendieta eran correntinos nacidos en la década de 1860. Pasaron su infancia durante el desarrollo de la Guerra del Paraguay, periodo terriblemente convulsionado para toda la región; eran agricultores de las zonas de Ituzaingó y Santo Tomé, y sabemos que atravesaron muchísimas dificultades económicas, como se desprende del contexto histórico: sin derechos laborales, en condiciones precarias extremas, sobreviviendo día a día a los embates del racismo y del modelo agroexportador que exprimía las vidas de los trabajadores rurales. No tuvieron acceso a educación formal, ni a hospitales. Esto explica las numerosas migraciones que protagonizaron la bisabuela Hilaria y sus padres: de Corrientes a Misiones, luego a Corrientes de nuevo, más tarde a Santa Cruz, después a Chile y finalmente Santa Cruz otra vez. Estos desplazamientos tienen un nexo en común, la necesidad imperiosa de buscar mejores condiciones de vida.

Por los tiempos que tuvimos a nuestra disposición no llegamos a realizar más descubrimientos sobre estas personas, pero logramos derribar el muro de silencio que cubría sus identidades. El paso más importante era poder romper el velo invisibilizador de la historia oficial, y esto por fortuna lo pudimos conseguir. Pero más importante todavía fue poder otorgarle a Annabella una base documental sólida sobre la que se podrá construir más a futuro. Ahora, los sentimientos de orgullo ligados a sus orígenes tienen mayor asidero, y la evidencia permite que echen raíces todavía más profundas. En la gran mayoría de los casos, las poblaciones más empobrecidas tuvieron negada la preservación de su identidad y de su historia; por esta razón es que creemos indispensable este tipo de trabajo: sin recuperación de la memoria la posibilidad de generar cambios concretos en el presente se reduce drásticamente.
La evidencia histórica le grita a la hegemonía “Aquí estuvimos, nuestras vidas no pasaron desapercibidas, sobrevivimos, y nuestros descendientes están desperdigados por el mundo”. Esperamos que con el tiempo podamos sumar cada vez más relatos que reivindiquen las identidades que han sido injustamente negadas.

Y ustedes, ¿se animan a emprender este viaje de autodescubrimiento? ¡Les leemos en los comentarios!

"Mariana, una línea en el tiempo"Este año tuvimos el enorme privilegio de ser elegidos por Damián Itoiz para confecciona...
13/03/2024

"Mariana, una línea en el tiempo"

Este año tuvimos el enorme privilegio de ser elegidos por Damián Itoiz para confeccionar nada más ni nada menos que un libro sobre la historia familiar de su compañera, Mariana Russo.

El encargo fue un tanto complicado al principio porque la búsqueda debía ser en secreto: el libro estaba pensado por Damián como un regalo de cumpleaños, y por esta razón, debía ser una sorpresa. Esto implicó mucha discreción por parte de Damián para extraer los pocos datos que utilizamos como piedra fundacional para la investigación; todo lo que tuvimos para comenzar fue el acta de matrimonio de los padres de Mariana. A partir de este documento comenzamos a recolectar todo lo que pudimos, cruzando fuentes diversas tales como registros de sucesiones, documentación de registros civiles, ingresos de pasajeros al puerto de Buenos Aires, registros eclesiásticos, publicaciones locales como el Boletín Oficial de la República Argentina, y muchas otras más.

Luego de más de un mes de habernos dedicado exclusivamente a este proyecto, pudimos confeccionar un texto de casi ciento veinte páginas con todo lo que descubrimos sobre las cuatro ramas principales de su familia. Y así fue cómo quedó estructurado el libro, en cuatro capítulos, cada uno comenzando en cada abuelo/a. Durante ese periodo recorrimos la historia de personajes injustamente olvidados por el paso del tiempo, aquellos que fueron los verdaderos protagonistas de los procesos históricos que formaron a nuestro país. De esta manera, nos sumergimos en las vidas de campesinos, hojalateros, trabajadores de calderas, criadores de ganado, amas de casa y obreros. Pudimos ver sus luchas, sus deseos, sus cambios y adaptaciones. Descubrimos cerca de un centenar de antepasados, recorrimos un trayecto de tres siglos, viajamos por España, por Italia, cruzamos el océano y nos inmiscuimos a su vez en los orígenes locales de esta familia, que hunden sus raíces a lo largo de al menos diez generaciones consecutivas de argentinos y argentinas.

Tan profundas son sus raíces en este suelo, que a varios de los antepasados no los podemos considerar argentinos, simplemente porque son anteriores a la creación de nuestro país. Una parte de la familia desciende de pobladores originarios de Santiago del Estero, que se vieron envueltos en las migraciones internas de principios del siglo 19. En suma, fuimos testigos de cómo esta familia en particular está íntimamente ligada, como todas, al surgimiento de la República Argentina.

El día del cumpleaños la sorpresa fue descomunal. Mariana leyó todo el libro en voz alta, junto a su mamá y a su papá, que por fortuna también se vieron reflejados en nuestro trabajo. El redescubrimiento de los orígenes que se creían perdidos generó lágrimas, abrazos y reflexiones profundas, pero también generó un cambio en la percepción de la identidad de esta familia. La madre de Mariana afirmó que leer el libro "fue como darle la vuelta al mundo". Y es que cuando nos conectamos con nuestros orígenes nos conectamos con el mundo entero, porque mientras más nos adentramos en las profundidades del pasado, más fuertemente notamos el hecho de que estamos emparentados con todas las poblaciones de la tierra.

Este trabajo inmenso no podría haberse llevado a cabo sin los aportes enormes de , la diseñadora; Sylvia Iparraguirre, quien supervisó y embelleció los textos; y el equipo de .editora que llevó a cabo la encuadernación. A todas les hacemos llegar nuestro agradecimiento por su compromiso y profesionalidad.

Y vos, ¿te animás a emprender un viaje de esta magnitud? Si te interesa registrar la historia de tu familia en este formato, no dudes en enviarnos tu consulta.


Lo que Camillo quiso ocultarLos resultados de una búsqueda genealógica son muy impredecibles. Nunca sabemos con qué nos ...
05/04/2023

Lo que Camillo quiso ocultar

Los resultados de una búsqueda genealógica son muy impredecibles. Nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar cuando iniciamos una pesquisa, por lo que cada comienzo conlleva una gran cuota de incertidumbre. Muchas veces nos topamos con casos que a simple vista se muestran muy sencillos pero que luego, en el desarrollo de la investigación, nos revelan obstáculos que parecen infranqueables.

Así fue la búsqueda que llevamos a cabo para Alberto - a quien no etiquetaremos por respeto a su privacidad-. Nadie hubiera podido predecir lo difícil que se iba a tornar su caso; y menos aún, que la resolución podría destapar un secreto oculto durante 125 años. Advertimos que los nombres y apellidos originales han sido modificados a pedido de nuestro consultante.

Alberto tenía una necesidad muy puntual: obtener el acta de nacimiento de su abuelo Camillo Zabutti para conseguir la ciudadanía italiana. Su familia había conservado algunos papeles que aportaban todos los datos necesarios para cumplir con su objetivo. Pueblo, fecha exacta de nacimiento, nombre completo, nombres de padre y madre. El caso parecía simple en extremo, todo lo que teníamos que hacer era dirigirnos exactamente hacia donde nos señalaban los documentos; el pueblo era Velo D’Astico en la provincia de Vicenza, y debíamos revisar los nacimientos del año 1898. Sin embargo, en dicha carpeta no apareció el abuelo Camillo. Ampliamos la búsqueda pensando que quizás había habido un error en las fechas, pero fue completamente en vano: revisamos más de 30 años de documentación entre nacimientos, matrimonios y defunciones, y no solo no apareció el abuelo Camillo, sino que no había una sola persona que compartiera su apellido. Esto era un indicio clarísimo de que la familia no era oriunda de Velo D’Astico, pero entonces, ¿por qué figuraba ese pueblo en los documentos?

El apellido de don Camillo, Zabutti, también representaba una incógnita: no podíamos rastrear su difusión en Italia, ni figuraba entre los registros migratorios. El único apellido más o menos similar presente en el pueblo era Zenotti, y lo tuvimos en cuenta, pero tampoco había ningún Camillo Zenotti, ni nadie que coincidiera con los nombres de sus progenitores. Estábamos atascados, y no podíamos vislumbrar ningún camino certero por el que continuar.

Seguimos varios días sin avances y la frustración no paraba de crecer, hasta que decidimos cambiar de estrategia: nos propusimos encontrar descendientes vivos de don Camillo, en específico, ramas con las que Alberto no tuviese contacto, con la esperanza de que quizás alguien nos pudiera aportar una clave. Sabíamos que el abuelo Camillo se asentó en la provincia de Córdoba, entonces era ahí donde nos debíamos dirigir.

Abandonamos los registros antiguos y pasamos a utilizar las redes sociales; y para nuestra sorpresa, las únicas personas vivas que tenían el apellido Zabutti eran todas residentes de la provincia de Córdoba. No podía ser una coincidencia, así que pasamos a enviar mensajes a todas estas personas. Después de algunos días, una de ellas nos pasó el contacto de una prima segunda de Alberto, y luego de comunicarnos resultó que ella tenía en su poder el certificado de nacimiento de Camillo. ¡Ya habíamos podido derribar el obstáculo más grande! Ese documento era un extracto que no contenía casi nada de información, de hecho, ni siquiera presentaba los nombres de los progenitores, pero nos pudo aportar datos importantísimos: la ubicación exacta del documento original, en ciudad, tomo, folio y número de orden. Según este papel, la fecha de nacimiento que manejábamos era correcta, sin embargo, y en sintonía con los resultados de nuestra búsqueda, el abuelo no había nacido en Velo D’Astico sino en la ciudad de Vicenza.

Con todas estas cuestionas aclaradas fuimos a revisar las carpetas de nacimientos del registro civil de Vicenza, y gracias a los datos que nos aportó la prima segunda de Alberto, pasó muy poco tiempo hasta que dimos con el documento original.
Ya con esta fuente en nuestro poder, pudimos entender por qué los datos que rodeaban al abuelo Camillo eran tan confusos: el acta de nacimiento original nos cuenta que Camillo fue recogido en la puerta del ‘Hospicio de Infantes Abandonados’ de Vicenza. Por supuesto, no figuraban sus padres biológicos, por ende los nombres que declaró en Argentina tenían que haber sido inventados; esto explica por qué no pudimos rastrear a esa pareja por ninguna parte. Creemos que Camillo mintió de manera deliberada sobre su lugar de nacimiento, justamente para que fuera imposible rastrearlo y descubrir su verdadero origen. Al mismo tiempo, notamos que el apellido de Camillo había sido inventado por los funcionarios del Hospicio. Después de revisar en profundidad los nacimientos del registro civil de Vicenza, vimos que solo en el año 1898 había alrededor de 80 que correspondían a criaturas abandonadas, y a todas ellas se les impusieron apellidos inventados que comienzan con zeta; algunos de ellos fueron Zoloni, Zabelli, Zacchini, Zaffignani, Zaffini, Zernotti, y Zabutti, que no es el verdadero apellido que le agregaron a Camillo pero sí es uno de los que fueron inventados en 1898 por el Orfanato de Vicenza.

En aquella época, haber sido abandonado representaba una suerte de estigma que manchaba la reputación de la persona durante toda su vida. Muchos de estos niños eran hijos de madres solteras, es decir, de ‘uniones ilegítimas’, o simplemente de familias muy humildes que no podían permitirse tener más bocas que alimentar. Estas eran las causas más comunes del abandono de criaturas, y ambas causas representaban una gran vergüenza. Interpretamos que por esta razón el abuelo Camillo quiso ocultar su verdadero origen. Pero veamos más en detalle qué dice el documento original.

Camillo fue entregado al orfanato el día 18 de julio de 1898, y fue recogido a las 18.45 del mismo día. Según la declaración de los funcionarios, el niño ‘estaba acompañado por los siguientes objetos’: un pedazo de papel que anunciaba que había nacido el día anterior a las 3 de la tarde, un Santo representando a la Sagrada Familia y una medalla de latón con la imagen de María Inmaculada.
Consideramos que estos objetos son altamente significativos; en primer lugar, porque muchos de los documentos del Orfanato de Vicenza muestran que una cantidad considerable de niñes fueron entregades sin nada que los acompañara, por ende la mera presencia de objetos ya implica algún grado de consideración. En segundo lugar, la medalla de latón nos da a entender que la familia biológica de Camillo era muy humilde, dado que era el metal más barato que se podía conseguir entonces. En tercer lugar, el hecho de que le hayan dejado ofrendas de objetos religiosos, según creemos, implica que estaban invocando a la protección divina para que velase por el pequeño Camillo.

Como dijimos, uno de esos objetos religiosos representaba a la sagrada familia; esa imagen no parecería haber sido elegida al azar, dado que justamente ‘la familia’ era lo que le estaba siendo negada. ¿Podría tratarse de un intento de limpiar sus culpas? O quizás, un intento de enmendar lo que la familia ‘terrenal’ no había podido hacer. Con todo, creemos que estos hechos indican que al menos un miembro de la familia biológica de Camillo lo amó, y se preocupó por que las figuras divinas protegieran su almita indefensa.

La sorpresa de Alberto fue gigante. Jamás se lo había imaginado, en su familia nunca se habló del tema, probablemente porque el abuelo nunca lo contó. De repente Alberto, que solo pretendía encarar un trámite desligado de cualquier tipo de emoción, se sintió íntimamente conectado con el abuelo que ni siquiera pudo conocer en vida. Nos contó que Camillo, según decía su madre, era una persona excelente y cálida. “Fue un muy buen hombre que vivió para su mujer e hijos”, y los descendientes que lo conocieron afirman que era una persona muy amorosa. Por fortuna, el abuelo Camillo logró construir de adulto lo que le había sido negado al nacer: una familia.

Este caso es un ejemplo excelente de lo que comentábamos al principio: nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar, aunque el disparador sea una cuestión de tinte burocrática. Todas las familias tienen historias por descubrir. ¿Te animás a descubrir la tuya?

Primera imagen: Fotografía de época de un orfanato de Roma.

Segunda: Fotografía del documento de identidad de don Camillo.

Tercera y cuarta: Capturas del acta de nacimiento original.

Quinta: Iglesia de San Rocco, en Vicenza, donde funcionaba el Ospizio.

Los sueños también se heredan.La mayoría de las familias consultantes tiene al menos un objetivo en mente antes de comen...
17/03/2023

Los sueños también se heredan.

La mayoría de las familias consultantes tiene al menos un objetivo en mente antes de comenzar las búsquedas, casi siempre vinculado a relatos orales que se fueron transmitiendo con el paso de las generaciones.

Pero este no fue el caso de Sofía Greco; ella simplemente dijo 'busquen lo que quieran'. No tenía ninguna meta puntual, solo quería averiguar todo lo que fuera posible; esto se explica porque Sofía no sabía poco y nada sobre su familia materna. No conoció a sus abuelos, ni siquiera había visto sus rostros en alguna foto, y su mamá, según nos dijo, casi no hablaba de ellos. Había un vacío importantísimo en la historia de esta familia, un silencio intergeneracional que provocó que Sofía no conociera sus raíces. Y es que este tipo de silencio nunca existe porque sí, siempre está en reemplazo de 'algo' que no se puede o no se quiere nombrar. Por esto creemos que el verdadero objetivo de Sofía era justamente romper el silencio, y devolverle su lugar a ese 'algo' que todavía no tenía nombre. En ese momento no teníamos forma de predecir que el quiebre de ese silencio iba a desatar un estruendo ensordecedor.

Todo lo que nos pudo aportar Sofía como base para la búsqueda fueron los nombres de sus bisabuelos maternos y el pueblo en el que nació su mamá: Sao Pedro do Ivaí, en Brasil, a unos 400 km de Foz do Iguazú. Trabajamos mucho reconstruyendo la genealogía de esta familia - de hecho, llegamos a ancestros directos de hace 7 generaciones - pero a pesar de eso sentimos que todavía no habíamos llegado a un punto clave. Sin ningún motivo específico, quizás por intuición, en cierto momento decidimos investigar a una persona en particular: el abuelo materno de Sofía, Diogo Peres Rodrigues. Casi al instante notamos que en el pueblo de la familia había una calle con su mismo nombre exacto. ¿Podía tratarse de un homónimo? Al continuar vimos que aparecía un tal Diogo Peres Rodrigues en diferentes boletines electorales que iban desde 1959 hasta 1976, siempre postulándose a cargos municipales. Para corroborar que estábamos hablando de la misma persona, le pedimos a Sofía que consulte con su mamá si el abuelo Diogo había participado en la política del pueblo, y la confirmación no se hizo esperar: efectivamente estábamos tratando con el abuelo de Sofía, por lo tanto retomamos ese camino ya sin ninguna duda.

No pasó mucho tiempo hasta que descubrimos un documento increíble: un expediente elaborado en el año 1964, en plena dictadura militar brasileña, que recopilaba información sobre el abuelo Diogo. En ese informe se presentan 'evidencias' que lo caracterizan como un 'comunista agitador', y se tramita un pedido de captura con el objetivo final de enviarlo a la cárcel de la Delegación de Orden Político y Social (DOPS), conocida por las atrocidades que se cometieron dentro (tortura y exterminio de disidentes políticos). Se informa en la primera página que el paradero de Diogo era desconocido, porque "aprovechando una oportunidad, se fugó, y ahora presenta rumbo ignorado". Estábamos atónitos ante este descubrimiento, ¡el abuelo de Sofía había sido perseguido por una de las dictaduras militares más feroces de nuestro continente!

Pasemos a un breve resumen del expediente. Las frases que aparecen entre comillas son citas textuales:
El día 10 de abril de 1964, once días después del golpe militar, compareció en la delegación de policía Eurico Pereira, campesino del pueblo; declaró que cerca de un mes atrás había visto a Diogo tomando cerveza en un bar y se le acercó para venderle un s**o de trigo. Diogo respondió que por el momento no iba a comprar porque estaba esperando una resolución que sería promulgada en breve, y le dijo que "para ustedes los pobres la cosa va a mejorar, la situación de los pobres va a resultar buena, todos ustedes van a recibir tierras porque esta vez va a entrar una reforma agraria". Diogo le dijo que no venda su cosecha todavía, que más tarde sería mejor. Y continuó diciendo que "los tiburones van a tener que dividir sus tierras con los pobres, estamos trabajando para que tengan derechos". A su vez Diogo lo instó a que forme "un grupo de once hombres", que junte sus firmas en un papel y que luego se lo entregue a él para hacerse cargo del asunto. Acto seguido le dio al declarante otro papel con la dirección de una radio llamada Mayrink Veiga.
Con misma fecha figura la declaración de Humberto Tonelli: afirma que Diogo iba frecuentemente a su hacienda a 'agitar' a sus empleados con la promesa de distribución de tierras e instándolos a que formaran un grupo de once hombres. Agrega que entregó un papel escrito con su puño y letra en el que daba indicaciones sobre cómo formar ese grupo, de nuevo, con la dirección de la radio Mayrink Veiga.

Para comprender mejor este extracto vamos a necesitar un poco de contexto histórico:
Los "grupos de once" fueron formados en Brasil durante el gobierno de Joao Goulart, el presidente depuesto por la dictadura, en el año 1961. Estos grupos eran de carácter militante y su finalidad impulsar las reformas que dicho gobierno pretendía implementar, entre ellas, la reforma agraria, educativa, bancaria, administrativa, electoral, fiscal y constitucional. Miles de células fueron creadas en todo el país con el objetivo de demostrar el apoyo popular a estas reformas. Sin embargo, los grupos de once fueron etiquetados como comunistas y fueron brutalmente reprimidos tras el golpe de Estado de 1964.
La radio que Diogo compartía con los campesinos estaba dirigida por Leonel Brizola, gobernador de Río Grande do Sul y alineado con el gobierno de Joao Goulart. Esta radio fue un bastión de la resistencia antidictatorial hasta su clausura en 1965. Por este medio, Brizola exhortaba a la creación de los "grupos de once" y daba instrucciones sobre cómo formarlos, seguramente las mismas que Diogo entregó a los campesinos.
Los grupos de once fueron calificados por el régimen militar como terroristas y guerrilleros, sin embargo sus actividades se limitaban a la organización para presentar demandas colectivas, al apoyo de las reformas de base, a demostrar la creciente fuerza del campesinado brasileño y a reivindicar a la clase trabajadora. No existe ninguna prueba de que algún grupo de 11 haya estado involucrado en actividades de bélicas. Y tampoco eran estrictamente comunistas, sino que respondían a un gobierno reformista que no pretendía modificar el modo de producción general sino llevar a cabo una redistribución de la riqueza.

De más está decir que la sorpresa de Sofía fue inconmensurable. Nunca había escuchado nada con respecto a la historia de su abuelo, y de repente se topó con un torrente de información que lo cambiaba todo. A partir de esto, Sofía se comunicó con su mamá, y por primera vez en casi tres décadas madre e hija conversaron sobre la historia familiar. Por fin se había roto el silencio. Sin embargo, el relato de la madre, Cerley, fue devastador:

Contó que efectivamente su padre estuvo prófugo durante alrededor de diez años, escondiéndose en las áreas boscosas de las afueras del pueblo para evadir a la dictadura genocida. Durante ese periodo, el cura del pueblo, José Rossi, iba a su casa con un grupo de militares para someter a su madre, la abuela de Sofía, a sesiones diarias de tortura física. El sacerdote no solo dirigía las sesiones, sino que también oficiaba como verdugo. Su fin era obtener la ubicación de Diogo, cosa que no pudo conseguir gracias a la resistencia de su esposa, María Isa De Pardo. A Cerley y a sus hermanos los encerraban en una habitación, y día tras día escuchaban todas las torturas.
Esta situación pesadillesca se prolongó durante años. Ahora todo cobraba sentido, y pudimos entender de dónde salió ese silencio tan potente que había cortado la transmisión de memoria intergeneracional. Las personas que sobreviven a situaciones tan extremas pueden responder de múltiples formas, y el silencio es desde luego una de ellas.

Pero esto no fue todo. Como dijimos antes, Sofía nunca había visto los rostros de sus abuelos. En el transcurso de la investigación tuvimos la suerte de conseguir una fotografía antigua del pueblo de su familia que mostraba la inauguración de un cine. En la imagen aparecían varias personalidades destacadas de Sao Pedro, y se la enviamos con la esperanza de que apareciera el abuelo Diogo entre ellas; en ese caso, seguro que la mamá iba a poder reconocerlo. Nos respondió al instante 'apenas vi la foto mis ojos se clavaron en un señor en particular, no sé si es mi abuelo pero cuando lo vi se me cayó una lágrima'. Le envió la foto a su mamá y Cerley pudo decir sin un ápice de dudas que ese era su padre. La emoción volvió a estar en carne viva. A pesar de que Sofía nunca lo había visto, lo pudo reconocer y su cuerpo reaccionó de manera automática. Y lo más increíble es que Sofía, según nos cuenta, desde que tiene memoria recuerda sentirse identificada con valores y luchas a las que jamás había sido expuesta. Ya que en su familia no se hablaba de política, no tenía idea de dónde habían surgido sus inquietudes y su percepción de la justicia social. Sofía, sin saberlo, había rescatado los ideales del abuelo que nunca conoció. Hay vivencias que se transmiten de generación en generación aunque no se pongan en palabras, sobre todo en los casos de grandes traumas familiares; a pesar de que el silencio haya invadido cada rincón de la historia, las marcas que quedan en los sobrevivientes trascienden a la comunicación verbal y encuentran la forma de perpetuarse.

Esta historia no se queda solo en el pasado, por el contrario, revela continuidades con el presente:
Una vez abierto el tema entre madre e hija, Cerley le contó a Sofía que hace algunos años escribió una publicación en redes sociales en la que denunciaba públicamente los crímenes de lesa humanidad cometidos por el sacerdote. El cura todavía seguía vivo, y cuando se enteró del escrache no dejó ni una piedra sin voltear; se encargó de que todos los vecinos del pueblo eliminen a Cerley de las redes sociales, y hasta intentó presentar una denuncia penal por calumnias. Nadie creyó el relato de Cerley, con excepción de sus hermanes y de algunas amigas íntimas. Por suerte, ella había migrado a Buenos Aires hacía ya varias décadas, y dado el poder que tenía este cura criminal no sabemos qué habría pasado si Cerley presentaba la denuncia desde allá. Poco tiempo después el sacerdote falleció, y por medio de un decreto el Municipio ordenó la creación de una estatua en su honor frente a la iglesia. Ese monumento es un signo clarísimo de la postura que tomó la población mayoritaria de Sao Pedro do Ivaí con respecto a la dictadura eclesiástico-militar. Y es una muestra más de la importancia enorme que tiene darle lugar a la memoria colectiva.

Sofía recuperó la historia de supervivencia de su familia precisamente en el mes de la Memoria. Este 24 de marzo recordemos que el plan Cóndor no afectó solamente a Argentina, sino que inyectó su veneno en toda Latinoamérica. Que nuestros gritos de Nunca Más se escuchen en todas las naciones hermanas que vivieron los mismos procesos genocidas que nosotres. No nos olvidamos, y por supuesto que no perdonamos.

Primera imagen: Inauguración del Cine de Sao Pedro do Ivaí,
década de 1940. El abuelo Diogo aparece en el extremo izquierdo.

Segunda: El abuelo Diogo, de espaldas, durante un discurso del alcalde Miguel Carneiro.

Tercera: Captura del expediente de la policía militar donde se lo cataloga a Diogo como ‘comunista-agitador’.

Cuarta: Captura del expediente donde se muestra que Diogo había sido detenido ya en el año 1949 por ‘agitador’.

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