25/05/2026
🤍10 años y 5 meses de este amor que me desarma.
De la experiencia más intensa que conocí.
La que me rompió certezas, me mostró mis sombras y también partes de mí que no sabía que existían.
Ser mamá fue y es, muchas veces, como caminar por una calle llena de hojas secas: hermosa… y también imposible de atravesar sin escuchar todo lo que cruje adentro.
Porque ser madre y también ser padre tiene algo de espejo.
Mientras acompañamos a nuestros hijxs a crecer, nosotrxs también volvemos a encontrarnos con nuestra propia historia.
Y criar, de alguna manera, nos vuelve hijxs otra vez.
Por eso aparecen preguntas incómodas:
¿Qué quiero repetir?
¿Qué necesito reparar?
¿Qué cosas quiero hacer distinto?
Y ahí entendemos algo importante: ninguna familia atraviesa el crecimiento sin momentos de caos.
Hay etapas de más conexión y otras de más distancia.
Momentos de risas… y momentos de malas contestaciones, cansancio, pocas sonrisas y mucho malestar.
En todos los hogares quienes criamos nos equivocamos.
Nos desbordamos.
Perdemos paciencia.
Colapsamos.
Porque criar no ocurre en una burbuja.
Criamos mientras trabajamos, sostenemos responsabilidades, vínculos, preocupaciones y también nuestras propias heridas emocionales.
Y quizás justamente por eso muchas veces observo que terminamos naturalizando el malestar.
Nos acostumbramos a convivir tensxs.
A hablar poco.
A sobrevivir más de lo que disfrutamos.
Padecer no debería transformarse en una forma permanente de vivir.
Hoy cierro el día leyendo sobre esperanza… y compartiéndote que criar también es eso: seguir apostando al amor incluso en los días difíciles.
Creer que los vínculos pueden transformarse.
Que el dolor no tiene por qué heredarse intacto.
Que las historias familiares pueden reescribirse.
Y si hoy sentís que no podés solo/a, también está bien.
A veces para reparar, comprender o transformar, necesitamos ayuda.
Y pedirla también puede ser el comienzo de una nueva historia. 🤍
Te leo:
¿Te pasó que ser madre o padre te volvió, de alguna manera, hij@ otra vez?