31/07/2026
Aprender de los pioneros para transformar la calidad de vida de nuestros pacientes.
En 1995 viajé a Madrid con un objetivo claro: entrenarme con el Profesor Dr. Enrique Pérez Castro, el médico español que revolucionó la urología mundial al inventar el primer ureteroscopio rígido y evitar que miles de personas tuvieran que ir a una cirugía abierta por un cálculo uretral.
Por aquel entonces, yo venía de la exigente escuela de un hospital público en Buenos Aires. Llegar a España y ver cómo la tecnología y la precisión podían resolver un problema complejo en minutos sin realizar una sola incisión, me cambió la perspectiva para siempre.
Pero Enrique no solo me enseñó la técnica quirúrgica. Me transmitió valores fundamentales que hoy aplico todos los días en el consultorio: la paciencia como la herramienta más importante en endourología, el dominio de todas las tecnologías disponibles y la exigencia de no dejar de aprender nunca (de hecho, fue él quien me impulsó a continuar luego mi formación en Nueva York).
Volver a reencontrarme con él en Madrid —hoy desde mi rol como Chairman de la Sección de Historia de la — es un recordatorio de por qué elegí este camino: para traer a nuestro país la urología de más alto nivel mundial, combinando la máxima vanguardia tecnológica con una mirada profundamente humana y centrada en la tranquilidad del paciente.
Gracias a los maestros que marcan el rumbo y a cada paciente que nos confía su salud día a día.