15/05/2026
Los límites psicológicos no son mecanismos de rechazo; son recursos de protección emocional.
Muchas personas crecieron asociando el poner límites con culpa, egoísmo o miedo al abandono. Por eso, cuando empiezan a priorizarse, aparecen la incomodidad, la ansiedad o la sensación de estar “haciendo algo mal”.
Pero un límite sano no daña el vínculo.
Lo que hace es visibilizar dinámicas que antes se sostenían desde la sobreexigencia, la complacencia o el desgaste emocional.
Aprender a decir:
“no puedo”,
“necesito espacio”,
“esto me lastima”,
o “hoy necesito descansar”
también es una forma de regulación emocional y autocuidado.
Las personas emocionalmente disponibles no se alejan porque expreses una necesidad; pueden escucharla sin sentirse atacadas.
Poner límites no te vuelve distante.
Te vuelve consciente de tu bienestar psíquico.
¿Qué aspecto de poner límites te genera más dificultad: la culpa, el miedo al conflicto o la sensación de decepcionar?
Lic. Castriota Jesica | Psicóloga
📞 11 5027 8095