09/08/2026
𝗘𝗟 𝗖𝗨𝗘𝗥𝗣𝗢 𝗥𝗘𝗖𝗨𝗘𝗥𝗗𝗔 ©
El miedo también aprende
por Juan A. Currado
¿Por qué, después de una lesión o de una mala experiencia, hay movimientos que antes hacíamos con naturalidad y que ahora nos generan temor?
Porque el cuerpo también aprende de lo que le ocurre.
Cuando una caída, una lesión o un episodio doloroso sucede durante una determinada acción, el cerebro no registra solamente lo que pasó. También aprende a reconocer situaciones que podrían llevarnos nuevamente hasta ahí. Esa capacidad de anticipar el peligro es necesaria para protegernos. Pero puede mantenerse activa incluso cuando las condiciones ya cambiaron.
La lesión puede estar recuperada y, sin embargo, ciertos movimientos siguen haciéndose con cautela.
El deportista vuelve a correr, a saltar, a girar, a golpear una pelota. El movimiento está disponible, pero la confianza todavía necesita reconstruirse.
Por eso decirle "no tengas miedo" suele servir de poco. El miedo no desaparece porque uno decida que debería desaparecer. Forma parte de un aprendizaje y, como otros aprendizajes, necesita nuevas experiencias para modificarse.
El regreso al deporte no implica únicamente recuperar fuerza, movilidad o resistencia. También requiere que el cerebro vuelva a aprender seguridad. Cuando una lesión queda asociada a determinado movimiento, ese movimiento puede convertirse en una señal de amenaza. Las experiencias posteriores en las que el gesto se realiza sin daño permiten modificar progresivamente esa asociación.
Cada experiencia segura aporta nueva información.
Un movimiento realizado sin dolor. Una sesión que termina bien. Un gesto que vuelve a salir con naturalidad. Son experiencias que van modificando, poco a poco, la expectativa de lo que puede suceder.
En ese proceso, la atención también importa. Cuando toda la concentración queda puesta en la posibilidad de lesionarse, el deportista puede empezar a controlar movimientos que antes realizaba de manera espontánea. El cuerpo deja de sentirse conocido y empieza a convertirse en algo que hay que vigilar.
Recuperar la confianza supone aceptar que el riesgo existe y, al mismo tiempo, poder volver a confiar en el cuerpo.
En el deportista amateur esto adquiere un sentido particular. Muchas veces, volver a practicar significa recuperar una actividad que forma parte de su vida, un espacio para disfrutar, desafiarse y encontrarse nuevamente con el propio cuerpo.
El cuerpo puede haber aprendido a protegerse.
También puede aprender, nuevamente, que está a salvo para moverse.
© Juan A. Currado
Lic. en Psicología – Universidad de Buenos Aires – MN 15.548
📲 𝗔𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻 𝗣𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗗𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗶𝘃𝗮 / 𝗼𝗻𝗹𝗶𝗻𝗲
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