01/08/2026
"El símbolo no se usa para negar, sino para superar la pérdida"
La frase es de Hanna Segal, en un trabajo de 1957 que sigue siendo una de las mejores puertas de entrada a por qué jugamos, hablamos y pensamos.
Un chico que juega a que la madre se va y vuelve no está tapando la ausencia. Está haciendo algo con ella. Y esa diferencia —entre tapar y elaborar— es toda la cuestión.
Segal distingue dos momentos. En el más temprano, el sustituto no representa a la cosa: es la cosa. La palabra, el juguete, el gesto valen tanto como aquello que reemplazan, y por eso no alivian: lo que es no se puede perder ni recuperar. El símbolo propiamente dicho aparece más tarde, y aparece con un costo. Necesita que el objeto se reconozca entero, que la ambivalencia se tolere, que la separación se sienta en lugar de anularse. Necesita, en el fondo, poder registrar una pérdida.
Por eso el símbolo no niega la falta: la hace habitable.
Segal cierra ese trabajo recordando de dónde viene la palabra. Símbolo, en griego, es lo que se junta: reunir, reconciliar, integrar. Simbolizar no es tapar el agujero. Es tender un puente sobre él.
Hanna Segal, Notas sobre la formación de símbolos (1957).