20/05/2026
Siempre queremos estar del lado del ganador.
No es ambición. Es algo más antiguo que eso.
Desde chicos aprendimos que el que pierde queda expuesto. Que el que se equivoca queda solo. Que para pertenecer hay que estar del lado correcto — del que tiene razón, del que tiene poder, del que gana.
Y eso que aprendimos se convierte en un patrón que cargamos en todos los vínculos.
Cambiamos de opinión cuando el grupo piensa distinto. Callamos lo que pensamos para no quedar afuera. Nos adaptamos una y otra vez — y en algún punto dejamos de saber bien qué pensamos nosotros realmente.
No por debilidad. Por supervivencia.
El problema es cuando ese mecanismo deja de protegernos y empieza a costarnos. En la autoestima. En los vínculos. En la sensación de no saber quiénes somos cuando nadie nos está mirando.
Eso es exactamente lo que trabajamos en terapia.
No para volvernos rebeldes sin causa. Sino para poder elegir — de verdad — desde un lugar propio. Sin el miedo de fondo de que si no encajamos, quedamos afuera.
Si esto te resuena y sentís que es hora de entenderlo, escribime por DM o entrá al link de mi bio.