27/05/2026
En diversas culturas y momentos de la historia de la humanidad se ha considerado que en los momentos de indecisión, sobre todo en los más significativos, opera una especie de fuerza que nos induce a actuar en uno u otro sentido.
A dicha fuerza se le atribuye también la facultad para proponer e inducir las circunstancias que promueven la expresión del “ser más profundo y auténtico” de las personas.
Los griegos denominaron a esta fuerza Daimon, los romanos la reconocían como el Genio particular y en la mitología egipcia puede corresponder al Ba. En las culturas chamánicas se denominaba Alma libre, el animal personal, el Nahual, considerado como un elemento de vinculación entre los dioses y los mortales, con atributos tanto benéficos como destructores.
La psicoterapia junguiana promueve el diálogo con nuestro propio Daimon como símbolo de un factor que opera en nosotros y nos conduce a ser lo que siempre hemos sido, a desplegar nuestra mayor autenticidad. Sólo podemos sentirnos verdaderamente satisfechos cuando escuchamos a nuestro Daimon, que nos cuida y en ocasiones nos abofetea, destruye nuestros planes, facilita encuentros y nos presenta oportunidades.
El Daimon o la imperiosa necesidad de ser uno mismo - en el enlace de la historia