28/03/2026
Casos como el de Noelia me invitan o quizás me obliga a detenerme, a salir de respuestas rápidas. a abrir una reflexión más honesta, a sentir lo que no quiero sentir.
Porque cuando hablamos de la vida, y del deseo de seguir habitándola, no todo es tan claro como me gustaría.
Pienso, hay dolores que no abren. Que no enseñan. Que no transforman. Dolores que cierran. Que achican el mundo. Que dejan al sujeto sin acceso a otra posibilidad. Y en esos momentos, el deseo de morir no es una elección… es el lenguaje de un sufrimiento que no encuentra salida.
Ahí, cuidar no es decidir por el otro, es sostener. Es esperar. Es quedarse lo suficiente como para que algo, aunque sea mínimo, pueda volver a moverse.
Sin embargo no todo es igual.
También existen experiencias donde el dolor no cede, donde el cuerpo se vuelve inhabitable, donde el deseo de seguir ya no está. Y aceptar eso… incomoda.
Porque nos enfrenta con un límite:
no somos dueños del deseo del otro.
Ni la familia, ni la ley, ni la medicina pueden habitar ese lugar sin producir violencia.
Entonces la pregunta deja de ser simple. Ya no es solo “vida o muerte”.
Es algo mucho más sutil, más incómodo: ¿Estamos escuchando un deseo…o el eco de un dolor que ya no encuentra salida?
Y en ese punto aparece algo que necesitamos poder nombrar: acompañar no es abandonar.
No es correrse en nombre del respeto,
ni dejar al otro solo con su dolor.
Acompañar es quedarse.
Incluso cuando no sabemos qué hacer.
Pero tampoco es apropiarse del destino del otro.
Es habitar ese borde sin certezas. Sin respuestas rápidas. Sin necesidad de tener razón. Incluso desde una mirada mas amplia podría decir que la vida no se agota en este cuerpo. Pero cuidado…eso no puede ser una forma de negar el dolor. Espiritualizar también puede ser una forma de no ver.
Y quizás, en el fondo, lo más difícil no sea entender qué está bien o mal… sino poder tolerar que hay decisiones que no nos pertenecen. Que no podemos controlar. Que no podemos corregir. Que no podemos "salvar".
Y ahí, en ese límite… se pone en juego algo de nosotros.
Cuando el otro elige algo que no podemos soportar escuchamos su deseo ... o defendemos el nuestro?