09/06/2026
La muerte suele confrontarnos con algo para lo que no hay palabras suficientes 😥
Sin embargo, cada vez que una pérdida conmueve a muchos, vuelve a hacerse visible algo que a veces olvidamos: nadie hace un duelo completamente a solas 🫂
Desde el psicoanálisis, la pregunta decanta sola: ¿qué es lo que verdaderamente se pone en marcha en ese movimiento colectivo?
Solemos pensar el duelo como un proceso puramente íntimo, una tarea solitaria que se tramita puertas adentro. Sin embargo, para que el doloroso trabajo de metabolizar una pérdida sea posible, se necesita, fundamentalmente, de un tejido social que ataje 🤲
La muerte, en su crudeza, pertenece a lo Real: no tiene sentido propio, simplemente acontece y desgarra. Por eso, los rituales colectivos —la marcha, el abrazo con un desconocido que comparte la misma pena, los comunicados oficiales, las canciones compartidas como un mantra— no son meras formalidades. Son intentos minuciosos de inscribir lo indescifrable. El lazo social opera ahí como una red de contención: recibe el impacto para que el golpe no sea seco, transformando el shock en una coordenada compartida 🫱🏻🫲🏽
Para que el duelo no se convierta en un dolor mudo que devora al sujeto, la pérdida debe poder ser dicha 🗣️ Cuando las conversaciones se inundan de un mismo pesar, el sufrimiento se vuelve relato. Ya no es un vacío privado y aislado; se convierte en una herida alojada en la cultura. El murmullo de la comunidad que habla, recuerda y canta le devuelve al sujeto el derecho a sus propios tiempos, que nunca son los del reloj ni los de la prisa contemporánea, sino los del rodeo y la repetición 🎶🎸✍️
Hacer el duelo es, en última instancia, consentir a la pérdida sin quedar sepultados por ella. Y en ese camino, comprobar que hay un otro que sostiene la misma pregunta y el mismo silencio es, quizás, la condición indispensable para que la vida pueda volver a ponerse en movimiento 🌱
Hasta siempre, Indio 🖤🙌🏻