28/07/2026
Serie #6 | Síntomas de época - CONECTADOS PERO SOLOS
Hay personas que están en contacto con otros durante todo el día y, aun así, hace mucho que no se sienten verdaderamente acompañadas.
Responden mensajes, mandan audios, reciben memes, comentan historias, participan en grupos, miran qué hacen los demás, comparten algo de su vida, reaccionan a lo que otros publican. Hay intercambio, circulación, presencia digital, disponibilidad inmediata.
Sin embargo, en medio de esa conexión permanente puede aparecer una soledad difícil de explicar.
Porque estar en contacto no siempre significa sentirse recibido por alguien.
Una persona puede tener familia, pareja, amigos, compañeros, grupos de WhatsApp, redes sociales activas y muchas conversaciones abiertas, pero no encontrar un lugar donde pueda decir algo verdadero sin sentir que molesta, exagera o interrumpe la vida de los demás.
Puede contar lo anecdótico, compartir una noticia, hacer un chiste, responder con una frase liviana, mandar una foto, comentar algo de pasada. Pero cuando aparece una angustia más profunda, una contradicción, una tristeza difícil de ordenar o una pregunta que no se resuelve en dos mensajes, muchas veces empieza a editar lo que siente.
Lo hace más breve.
Lo vuelve más aceptable.
Lo dice como al pasar.
Lo maquilla con humor.
Lo reduce para que el otro no se incomode.
Así, una parte importante de la vida emocional empieza a quedar sin destinatario.
No porque no haya personas alrededor, sino porque no siempre hay presencia disponible para alojar lo que una persona realmente necesita decir.
La soledad contemporánea muchas veces no tiene la forma clásica del aislamiento. Puede aparecer rodeada de notificaciones, conversaciones, contactos y vínculos que existen, pero que funcionan de manera fragmentada. Se habla mucho, pero se escucha poco. Se responde rápido, pero se permanece poco. Se acompaña con frases correctas, pero no siempre con una presencia capaz de sostener una conversación más incómoda, más lenta o más verdadera.
En consulta aparece con frecuencia algo de este orden.
Personas que dicen: “No tengo con quién hablar de cosas importantes”.
O también: “Empiezo a hablar y siento que està en otra sintonía”.
O: “Siento que las redes sociales me hicieron aislar más”.
Esas frases muestran que la soledad no se mide solamente por la cantidad de vínculos. También se juega en la posibilidad de encontrar un lugar donde la propia experiencia tenga tiempo, espesor y escucha.
Sentirse acompañado implica algo más que recibir cualquier respuesta.
Implica poder desplegar lo que pasa sin tener que ordenarlo perfectamente antes. Poder estar mal sin actuar liviandad. Poder hablar sin que el otro se apure a tranquilizar, corregir, comparar o cerrar el tema. Poder mostrar una duda, una angustia o una contradicción sin sentir que uno está fallando por no resolverlo rápido.
El modo SOFT:
Muchas veces, cuando alguien intenta contar algo difícil, recibe respuestas bienintencionadas pero insuficientes: “ya va a pasar”, “tratá de distraerte”, “pensá en positivo”, “no le des tanta vuelta”, “todos estamos igual”. Son frases que buscan ayudar, pero pueden dejar a la persona más sola, porque aquello que necesitaba ser escuchado queda rápidamente cubierto por una solución, una opinión o una frase de alivio que es insuficiente.
La escucha real no consiste en tener siempre algo inteligente para decir.
A veces empieza cuando alguien puede quedarse un poco más ahí, sin apurarse a resolver lo que el otro todavía está tratando de entender.
La persona está conectada, que siente que nadie la conoce del todo, puede estar acompañada, pero no necesariamente alojada.
Tiene conversaciones, pero pocas veces encuentra un espacio donde pueda escuchar lo que ella misma dice cuando deja de actuar un personaje.
En terapia, una de las primeras experiencias reparadoras suele ser precisamente esa: disponer de un tiempo donde no hay que entretener a nadie, no hay que rendir, no hay que responder con una versión ordenada, no hay que cuidar permanentemente el efecto que la propia palabra produce en el otro.
Un espacio donde la persona puede hablar y, al escucharse, empezar a comprender qué le pasa.
Porque muchas veces uno no sabe del todo lo que siente o lo que quiere decir hasta que encuentra un lugar donde empezar a decirlo sin apurarse, sin justificarse y sin tener que volverlo aceptable para los demás.
La terapia no reemplaza los vínculos de la vida cotidiana. No ocupa el lugar de una amistad, una pareja o una familia.
Puede ayudar a reconocer qué tipo de presencia falta, qué necesidades quedaron sin palabra y qué formas de relación se vienen repitiendo.
Es un espacio de preguntas posibles:
¿por qué me cuesta pedir compañía?
¿por qué evito mostrar vulnerabilidad?
¿por qué elijo vínculos donde hay poca disponibilidad? o
¿por qué acostumbro a estar para todos sin dejar que nadie esté realmente para mí?
Tal vez una de las preguntas más importantes de este tiempo sea si, además de estar conectados, tenemos algún lugar donde existir más allá de un personaje.
Lic. Pablo Mayoral
Psicólogo clínico | UBA
Atención online para adultos