17/07/2026
No te sientas culpable si todavía lloras.
No te sientas culpable si hay días en los que su ausencia vuelve a doler como el primer día.
No te sientas culpable si necesitas hablar de él, pronunciar su nombre, mirar sus fotografías, abrazar su ropa o conservar esas pequeñas cosas que para los demás son objetos, pero para ti siguen siendo un refugio.
El duelo no entiende de calendarios. No desaparece porque hayan pasado meses o años.
La sociedad nos enseña que algún día deberíamos “superarlo”. Pero nadie supera a quien ha amado de verdad.
El duelo no se supera.
Se aprende, poco a poco, a vivir con una ausencia que nunca dejará de tener significado.
Porque el amor auténtico no muere el día que un corazón deja de latir.
Permanece en los recuerdos que te hacen sonreír entre lágrimas, en las conversaciones que aún tienes en silencio, en las señales que acarician el alma y en ese vínculo invisible que ni siquiera la muerte ha podido romper.
Llorar no es retroceder.
Extrañar no es estar estancado.
Amar a quien partió no es una debilidad.
Es el reflejo de un amor tan inmenso que encontró una nueva forma de existir.
Porque el duelo no es el final del amor.
Es la forma más silenciosa, profunda y eterna de seguir amando. Lic. Gabriela Basualdo