Jonathan Coronel Acompañante Terapéutico

Jonathan Coronel Acompañante Terapéutico Bienvenido/a a mi espacio terapéutico. Aquí encontrarás apoyo y acompañamiento para transformar tus miedos e inseguridades en fortalezas.

Mi enfoque se centra en discapacidad, psicopatologías, estrés, depresión, ansiedad, trastornos sociales y más.

✨ Ser un accionador y no un reaccionador ✨Muchas veces vamos por la vida respondiendo de forma automática a lo que nos p...
25/09/2025

✨ Ser un accionador y no un reaccionador ✨

Muchas veces vamos por la vida respondiendo de forma automática a lo que nos pasa. Eso es reaccionar: dejar que lo externo decida por nosotros nuestro humor, nuestras acciones y hasta nuestras decisiones.

Pichón Rivière decía que “un sujeto sano es aquel que se adapta activamente a su realidad, modificándola y modificándose a la vez”. Eso es accionar.

Cuando reaccionamos, quedamos atrapados en la misma energía del conflicto. Por ejemplo, en el tráfico: si alguien se enoja y nosotros devolvemos el enojo, arrastramos mal humor todo el día.
En cambio, si accionamos (ceder el paso, pedir disculpas, validar al otro), transformamos la situación y también nuestro día.

👉 Ser accionador es entrenar la capacidad de elegir, de no quedarse en automático, de convertir lo que obstaculiza en algo posibilitante.

Probá esta semana elegir accionar en lugar de reaccionar. Vas a ver cómo cambia tu perspectiva y la de quienes te rodean. 🌱

Reflexión – Día Mundial de la Prevención del SuicidioMi nombre es Jonathan Coronel. Soy acompañante terapéutico, talleri...
10/09/2025

Reflexión – Día Mundial de la Prevención del Suicidio

Mi nombre es Jonathan Coronel. Soy acompañante terapéutico, tallerista de teatro, actor y payaso. Hoy puedo decir que tengo una vida plena: escribo, trabajo con mis pacientes en mejorar su calidad de vida, enseño teatro, acompaño a futuros acompañantes terapéuticos y hasta estoy concretando un proyecto musical que soñé durante años.
Soy feliz. Y sí, tengo una vida plena.

Pero no siempre fue así. Durante mucho tiempo cargué con algo que no me dejaba disfrutar, que me nublaba cada día y cada vínculo: la depresión. Me sumió en un pozo profundo y amargo, al punto de quitarme las ganas de vivir.

El 24 de marzo de 2023 intenté terminar con mi vida. Había cerrado mi casa, escrito una carta de despedida y enviado un último mensaje. Pero en ese instante, alguien irrumpió desesperadamente y me salvó.
Ese fue un punto de quiebre. No porque todo cambiara de golpe, sino porque empecé a decidir: decidir darme una oportunidad, decidir intentar vivir.

No fue fácil. Recuperar el gusto por la vida me llevó tiempo, esfuerzo, caídas y mucho trabajo interno. Pero tuve la fortuna de que mi familia y personas cercanas eligieron estar, y eso me sostuvo. Sin embargo, la decisión final fue mía: quise cambiar, quise vivir.

Hoy valoro cada cosa que hago, por pequeña que sea. Hoy elijo cuidarme, quererme, soñar y acompañar.

En este día de concientización quiero hablarte a vos, que quizás estás pasando por algo parecido a lo que yo viví:
No estás solo.
No es magia, es un proceso, y se puede.
Si en ese último momento sentís que no hay salida, buscá una voz, escribime, hablame. Yo voy a estar para escucharte.

No tengo todas las soluciones, pero sí la certeza de que se puede salir del pozo. Y que juntos siempre es más fácil que solos.

Por favor, no lo hagas. Tu vida vale más de lo que hoy podés ver.

30/05/2025

¿Y si empezáramos a tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros? 🤔✨

Detengámonos un momento a imaginar cómo podría cambiar el mundo si adoptáramos esta actitud, tan simple como poderosa. Pensemos en esos pequeños gestos cotidianos que nos gustaría recibir: una respuesta amable 😊, una mirada que valida 👀, una mano extendida cuando algo se nos complica 🤝. Nada extraordinario. Apenas lo mínimo que muchas veces, cuando aparece, nos reconcilia con la vida. ❤️

Podemos empezar por cosas tan simples como estacionar bien el auto 🚗, respetando el espacio del otro. O mostrar compañerismo con un colega 🤝, responder con respeto a quien se acerca 🙏, aunque estemos atravesando un mal día. Atender a alguien en nuestro trabajo con atención genuina 😊. Cumplir nuestras tareas de forma responsable 💪, no por obligación, sino por el compromiso que asumimos y por el impacto que eso tiene en el entorno.

Ser empático no es solo ponerse en el lugar del otro. Es también preguntarse: ¿cómo me gustaría que me traten si estuviera en su lugar? 🤔 Y más aún: ¿estoy tratando a los demás de esa manera? 🤔

La empatía se construye en lo concreto, en las pequeñas acciones que a veces parecen insignificantes, pero que pueden hacerle el día más fácil a alguien. 😊 Es en esos detalles donde se juega gran parte del tejido social 🤝, de la convivencia, del bienestar emocional de todos. ❤️

Como acompañante terapéutico, puedo afirmar que estos gestos cotidianos, cuando se sostienen en el tiempo, generan cambios reales. No solo en quien los recibe, sino también en quien los da. Porque cuando actuamos con empatía, también estamos modelando, enseñando, y creando el mundo en el que nos gustaría vivir. 🌎

Te invito entonces a hacer hoy al menos una acción empática. No hace falta que sea grande. Solo auténtica. ✨ Creéme: cuando empezamos a sembrar bien, las cosas buenas también encuentran el camino para llegar. 🌱🙏

💬 Reflexión: Cuando querer no alcanza, pero enseñaA veces nos pasa que queremos a alguien con el corazón abierto. Con la...
29/05/2025

💬 Reflexión: Cuando querer no alcanza, pero enseña

A veces nos pasa que queremos a alguien con el corazón abierto. Con la ilusión intacta. Con una honestidad que nos emociona. Queremos bonito. Queremos con respeto, con cuidado, con entrega. Y creemos —porque lo sentimos, o porque lo interpretamos en los gestos del otro— que ese cariño es recíproco. Que algo nos une más allá de lo dicho. Que hay un lazo naciendo.

Y entonces confiamos. Nos abrimos. Damos pasos que para nosotros significan mucho: visitamos, compartimos, nos desnudamos un poco (a veces el cuerpo, a veces el alma). Todo con la esperanza de que al otro le pase algo parecido. Que se esté gestando un vínculo.

Pero a veces, no.
A veces el otro está en otro momento, en otra búsqueda. A veces no puede, no sabe, no quiere igual.
Y eso duele.

Duele especialmente cuando sentís que lo que diste fue limpio. Que no te movía el deseo fugaz ni la estrategia. Que no buscabas ganar, sino compartir. Que no ibas a usar, sino a vincularte.

Desde el acompañamiento terapéutico, esto lo vemos muchas veces. Personas que aman con intensidad, con nobleza, con profundidad… y que sin embargo se quedan solas en ese amor. No porque hicieron algo mal, sino porque el otro simplemente no estaba listo o no podía verlos del modo en que necesitaban.

Ahí hay una gran lección: no todo lo que damos vuelve de la forma en que lo dimos. Y aún así, vale la pena haberlo dado.

Pero también hay algo importante que se aprende en ese proceso:
Que el amor no puede ser solo implícito.
Que el silencio no siempre protege: a veces confunde.
Que decir lo que sentimos, a tiempo, puede doler… pero evita dolores mayores después.
Que esperar que el otro adivine, interprete o cambie, nos desgasta más que poner en palabras lo que nos pasa.

Y tal vez, lo más difícil de todo: que no alcanza con querer bien a alguien. Primero hay que aprender a quererse bien a uno mismo.

Porque cuando no nos elegimos, cuando priorizamos que el otro se quede antes que cuidar nuestra propia dignidad, nos volvemos invisibles para nosotros mismos. Permitimos malos tratos. Justificamos lo que no deberíamos tolerar. Y confundimos amor con apego, deseo con merecimiento, ilusión con reciprocidad.

Pero cuando nos elegimos, cambia todo.
Ya no rogamos afecto. Ya no insistimos donde no nos abren la puerta. Ya no esperamos migajas cuando sabemos lo que valemos.
Y aunque duela, podemos soltar.

No desde el rencor. No desde la bronca.
Desde el amor.
Desde la comprensión de que el otro también está en su propio proceso, con sus propios miedos, con su modo de vincularse, con sus errores también.

Porque perdonar no es olvidar.
Perdonar es dejar de cargar con lo que no era nuestro.

Y si un día esa persona vuelve, ya no nos encuentra igual.
Nos encuentra más enteros.
Nos encuentra sabiendo que merecemos un amor que no duela tanto.

Y si no vuelve, no pasa nada. Porque nos tenemos a nosotros. Y eso, en el fondo, es lo único que no se nos puede romper.

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