28/07/2026
Solo tú puedes hacerlo, pero no puedes hacerlo solo"
En 1996, cuando empezaba mi formación como operador terapéutico en adicciones, entré a una sede del Programa Andrés en Buenos Aires. En una pared entera de un salón, pintada en letras grandes, había una frase que se me clavó:
"Solo tú puedes hacerlo, pero no puedes hacerlo solo."
Pasaron treinta años. En el medio conocí religiones —católica carismática, evangélica, testigos de Jehová, mormones y otras tantas—. Conocí la historia de los curanderos y las plantas nativas. Me metí en la selva, conocí la ayahuasca y la medicina amazónica de la mano de Takiwasi , shipibos, guaraníes, ashaninkas, lamas y otros pueblos. Subí al ande y trabajé con la medicina andina, con la huachuma, con los temazcales. Conocí meditadores, yoguis, buscadores de todo tipo.
Y después de dar tantas vueltas, la frase sigue de pie. Intacta. Con una vigencia implacable e impecable.
Ahí adentro está toda la novela de la existencia. Todo el drama humano.
La primera parte —solo tú puedes hacerlo— es la voluntad. Es la parte que todos los discursos de autoayuda repiten hasta el cansancio, y que sin embargo no alcanza. Es también la trampa: la soberbia de creer que uno solo puede con todo. Es la puerta por la que se escapa la mayoría de las personas que acompañé en estos años: se quedan mirando desde lejos, convencidas de que pedir ayuda es una derrota.
La segunda parte —pero no puedes hacerlo solo— es donde entra lo divino. Donde entra la magia. Porque ahí hay una apertura, un pedido genuino, un reconocimiento de que somos todos uno. Desde la igualdad —no desde la carencia— se permite que entre el otro: el terapeuta, el amigo, la familia, el vínculo, la comunidad entera.
Y ahí, en ese cruce, se produce el encuentro que cura. El que purifica.
Da igual el idioma en el que se diga esta verdad —ayahuasca, temazcal, terapia, oración, meditación—. La estructura es siempre la misma: voluntad y comunidad. Entrega y sostén. Uno mismo y el otro.
Treinta años dando vueltas para volver al mismo lugar donde comencé.
Muy pronto les voy a contar más sobre un espacio donde toda esta vuelta se convirtió en método.
César Rabbat