18/11/2019
Ciro Ramón Eyras. Cumpleaños de 2015. Con su nieta Valentina. Es el Ciro Ramón, el Cachueyras, con el que elijo quedarme. Desde que lo sentía llegar por su silvar potente y alegre en sus visitas a mi departamento de la infancia. "El tío Cacho!" gritábamos con mi hermanita, y al abrir la puerta allí estaba con su gran sonrisa y su mirada alegre. Ciro Ramón Eyras era un jovencito cuando me vio en la cuna detrás del vidrio de la sala de recien nacidos y gritó con alegría "¡El nuestro es el mas lindo!" Esa frase define con precisión ese perfil de su personalidad, que nunca perdió y que tanto le agradezco me haya transmitido, ha sido una herramienta potente contra las inclemencias de la vida. Hemos sido cargados de satisfacciones y alegrías indestructibles por este tío. Desde que salía al frente de la sobrinada a buscar enemigos invisibles en el monte hasta las muchas oportunidades en que demostró su saber valorar: mi primer empleo fue en su estudio como cadete cuando creo que no tenía ni 15 años y no sabía que un expediente podía ser también un Auto; cuando me pidió que lo acompañara al acto del Encuentro Nacional de los Argentinos en el Luna Park allá por 1972, acaso ya percibiendo mis divergencias en curso, y no dudó en mostrarse fascinado y cholulo por Nacha Guevara; cuando me pidió que lo acompañara a ordenar un archivo de paquetes de expedientes de la LADH entre los cuales había algunos del abogado Nestor Mártins. Y podría seguir llenando páginas con momentos que son parte de mis mejores cimientos como persona. Incluso aquellos en que alguna vez se ponía ca**ón y enfático para argumentar sus potentes opiniones. El Dr. Ciro Ramón Eyras recibirá en estos días el homenaje de la Asociación de Abogados Laboralistas, que fue una aparte de su dedicación profesional, acaso la mas intensa y prolongada. En este terreno fue siempre un oído atento a mis consultas, que no fueron pocas, cada vez que algún conflicto gremial me ponía en algún momento complejo. Y además también educativo: cuando excedía su capacidad de resolver o dar una opinión mas fundada, nunca dudó en decir: "mejor consultá con fulano" o "buscá alguien que sepa mas". Su tío Urbano Eyras, eterna referencia profesional, estaba allí también en esas apreciaciones. Hubiera sido un muy buen profesor de derecho y posiblemente lo haya sido con sus colegas mas jóvenes. En cierta ocasión lo escuche argumentar en una audiencia a favor de una compañera despedida (durante un juicio que se ganó) con tal soltura y desparpajo respecto a la parte patronal, que el conjunto de los presentes teníamos dibujadas sonrisas cómplices y satisfechas de escuchar a ese viejo abogado (ya era un viejo abogado) dar una lección práctica de derecho laboral con tanta soltura. El último de los cinco hermanos de la rama Eyras Domínguez deja una señal que sus nietos y nietas, y quienes vengan a completar y continuar la descendencia familiar, transmitirán aunque no lo hubieran conocido personalmente: el respeto por el trabajo, el respeto por el prójimo, el respeto por el saber. Es la herencia familiar mas valiosa de todas las posibles. Grande Maestro!