12/08/2026
Por la mañana me llamó una paciente que decidió estudiar Medicina. Quería preguntarme detalles de la carrera y conocer mi opinión sobre distintas universidades.
Por la tarde, durante su control de salud, dos pacientitas jugaban con mis instrumentos de trabajo. Me imitaban. Revisaban. Escuchaban. Por un rato, ellas eran las pediatras.
Y entonces me pregunté: ¿qué verán de mí cuando me ven ejercer esta profesión?
La respuesta me llegó bastante rápido.
Seguramente ven a una persona feliz y agradecida por ocupar este lugar. Un lugar que sigo eligiendo, día a día.
Porque en Pediatría se sufre y se disfruta, a veces casi por partes iguales.
Escuchar y acompañar la preocupación de una familia, intentar aliviar el dolor de un niño, atravesar diagnósticos difíciles o momentos de incertidumbre tiene una enorme carga emocional.
Pero después están ellos.
Verlos crecer. Madurar. Volver al consultorio más altos, más seguros, distintos. Verlos afrontar dificultades y, tantas veces, superarlas. Compartir con sus familias un pedacito de ese camino.
Y entonces todo cobra sentido.
Tal vez, sin proponérmelo, algunos chicos vean en mí que esta profesión puede ser un lugar donde vale la pena estar.
Una paciente pensando en estudiar Medicina.
Dos pequeñas jugando a ser pediatras.
Quizás no haya mejor devolución después de tantos años de profesión. ❤️