09/05/2026
Hace tiempo que vengo escuchando que alguien está "Roto", siempre es a través de la mirada,y palabra, de alguien que refiere a ese otro como Roto.
Casi como una explicación sobre sus propios imposibles.
Si el otro está Roto nada queda como posibilidad de encuentro, su "rotura" torna compleja, cuando no imposible, la íntima construcción de mí propia lectura.
Roto, que no guarda la posibilidad de leerse...
Ni preguntarse.
Roto, porque que es así y nada subsiste debajo de esa fractura...
Roto, que ya no siente, ni desea, ni pregunta, ni discute... Ya no más "quiero vale cuatro"...
Roto, que ya no se angustia ni apasiona, porque nada queda detrás de esa mirada cansada, adormecida en los pliegues de la diaria rutina.
Es compleja la relación con un (Roto) ya que , a la pregunta sobre " quien soy para ese otro", "que significo para el/ella?" la palabra queda en suspenso y solo emerge una certeza:
sea lo que yo sea, jamás convocará nada en ese otro (Roto). Y si nada convoca la mirada en aquel/aquella que deseo, quiero, amo , la respuesta sera "no seré lo suficiente (?).
Más ( o menos) que una categoría clínica, el Roto funciona a veces a modo de tapón que coagula el sentido en lo imposible.
Convivir con un Roto, amar un Roto, sentirse un Roto; ahogar el dolor con la clara idea de que ya no hay solución relanza la angustia hacia adelante, con una ansiedad que carcome cada idea, cada resquicio, cada latido.
Un grito a la pared, un suicidio sin intensidad.
G.R.