20/05/2026
Hay algo muy extraño en la vida, mi hermano… y es que uno puede empezar a podrirse por dentro sin darse cuenta.
Y no hablo de maldad extrema, no, no… hablo de esas pequeñas cosas que uno empieza a normalizar para sobrevivir.
La desconfianza permanente.
La necesidad de estar siempre a la defensiva.
Responder mal porque sí.
Acostumbrarse a hablar desde la bronca.
Mirar todo con dureza porque “si no te pasan por arriba”.
Y claro… al principio parece protección.
Hasta que un día te das cuenta de que ya no descansás nunca.
Vivís preparado para pelear.
Preparado para reaccionar.
Preparado para que te fallen.
Y qué loco eso… porque muchas personas arrancaron siendo sensibles, transparentes, incluso buenas… pero la vida las fue golpeando tanto que terminaron armándose una coraza para todo.
Y ojo, eh… esto pasa muchísimo.
Pasa en familias destruidas.
Pasa en recuperación.
Pasa en gente que sufrió traiciones muy fuertes y empezó a endurecerse para no volver a quebrarse jamás.
Pero mientras escuchaba el Evangelio de hoy… pensaba justamente en eso.
Jesús no dice: “Sacalos del mundo.”
Porque Él sabe perfectamente el mundo que existe.
Sabe que hay maldad.
Sabe que hay violencia.
Sabe que hay gente rota rompiendo a otros.
Lo que pide es otra cosa.
“Cuidalos del mal.”
Y mientras más lo pienso… más fuerte me parece.
Porque el verdadero peligro no siempre es lo que te hicieron.
A veces el peligro aparece cuando eso empieza a transformarte a vos.
Cuando el dolor empieza a definir tu manera de hablar.
Tu manera de mirar.
Cuendo el dolor empieza a definir tu manera de vincularte.
Y sin darte cuenta… empezás a parecerte a aquello mismo que tanto daño te causó.
Qué batalla difícil esa!
Seguir teniendo ternura después de tanta decepción.
Seguir creyendo en el amor cuando viste tantas manipulaciones.
Seguir conservando algo sano adentro tuyo en una sociedad que vive empujándote a endurecerte.
Y no… no estoy diciendo que seas ingenuo.
Claro que hay que poner límites.
Claro que hay que aprender.
Claro que hay heridas que te cambian.
Pero una cosa es aprender… y otra muy distinta es apagar el alma para siempre.
Porque después sobrevivís, sí… pero sobreviven también la bronca, el resentimiento, la frialdad… y terminás viviendo lejos de vos mismo.
Y siento que Jesús hoy está diciendo algo profundamente humano:
“Que el mundo no les robe el corazón.”
Porque todavía se puede seguir caminando sin convertirse completamente en aquello que nos lastimó.
Pensalo.
Que así sea.
—A. Luna