25/07/2026
A veces creemos que estamos bien.
Hasta que el cuerpo empieza a hablar.
Mandíbula apretada.
Respiración corta.
Dolor en el cuello.
Cansancio que no se va, incluso después de dormir.
El cuerpo suele darse cuenta antes que nosotros de que algo necesita cambiar.
Por eso practico yoga.
Para volver, una y otra vez, a escuchar qué tiene para decirme mi propio cuerpo.
Muchas veces vivimos en automático y dejamos de registrar sus mensajes. Empujamos el cansancio, ignoramos las tensiones, normalizamos el malestar.
Pero todo tiene un costo. Y tarde o temprano, el cuerpo encuentra la forma de recordarnos aquello que veníamos postergando.
La práctica nos ofrece un espacio para detenernos.
Un espacio para respirar, observar y desarrollar herramientas que nos permitan reconocer las señales del cuerpo antes de que se conviertan en un grito.
Escuchar el cuerpo también es una forma de cuidarnos.