28/07/2026
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No se suponía que fuera a cambiar leyes. Solo debía interpretarlas en televisión.
Durante más de veinticinco años, Mariska Hargitay ha dado vida a Olivia Benson en Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales, una agente que lucha por conseguir justicia para sobrevivientes de violencia sexual. El personaje la convirtió en una actriz querida y, sobre todo, en alguien en quien muchas personas confiaban.
Pero detrás de las cámaras ocurrió algo inesperado.
Como interpretaba aquel papel de forma tan convincente, sobrevivientes reales comenzaron a acercarse a ella en actos públicos, mediante cartas y durante conversaciones privadas. Muchas de esas personas jamás habían contado lo que les había sucedido. Habían visto cómo un personaje ficticio escuchaba y creía a las víctimas, y aquello les dio valor para hablar.
De repente, Hargitay ya no era solamente una actriz. Se había convertido en alguien a quien desconocidos confiaban algunos de los momentos más dolorosos de sus vidas.
Comprendió que algo tenía que cambiar. No podía limitarse a escuchar aquellas historias y después continuar como si nada.
Por eso, se formó para responder de manera responsable a las revelaciones de sobrevivientes y profundizó sus conocimientos sobre la violencia sexual. En 2004 fundó la Fundación Joyful Heart, dedicada a transformar la manera en que la sociedad acompaña y trata a las personas afectadas por la violencia sexual y doméstica.
Después conoció una realidad que terminó orientando gran parte de su vida pública.
Descubrió la enorme acumulación de pruebas forenses sin analizar.
Cientos de miles de conjuntos de pruebas recogidas tras agresiones sexuales permanecían almacenados en dependencias policiales y laboratorios de todo Estados Unidos. Algunos llevaban años, e incluso décadas, sin ser examinados.
Las sobrevivientes habían soportado una exploración médica invasiva. Las pruebas habían sido recogidas, selladas y registradas.
Y después, en demasiados casos, quedaron olvidadas en una estantería.
No existe una cifra nacional exacta porque durante años muchas jurisdicciones ni siquiera realizaron inventarios completos, pero las estimaciones hablaban de cientos de miles de pruebas pendientes.
Para Hargitay, aquella acumulación enviaba uno de los mensajes más devastadores posibles sobre estos delitos.
Parecía decirles a las víctimas que lo que les había ocurrido no importaba lo suficiente como para ser investigado.
Por eso, en 2010, su fundación lanzó la campaña End the Backlog, centrada en eliminar esas acumulaciones y reformar todo el sistema.
Durante dieciséis años, Hargitay y muchas otras sobrevivientes, especialistas, fiscales, legisladores y organizaciones trabajaron dentro de parlamentos estatales y comunidades de todo el país.
No fue una historia protagonizada únicamente por una actriz.
Fue un trabajo colectivo, lento y minucioso: contar las pruebas almacenadas, conseguir financiación para analizarlas, crear mecanismos de seguimiento, informar a las sobrevivientes y aprobar leyes para impedir que el problema volviera a repetirse.
La campaña desarrolló los Seis Pilares de la Reforma de las Pruebas de Agresión Sexual.
Entre ellos se encuentran la elaboración de inventarios estatales, el análisis obligatorio de pruebas nuevas y acumuladas, la creación de sistemas de seguimiento, el derecho de las sobrevivientes a conocer el estado de sus pruebas y la asignación de fondos suficientes.
Hargitay declaró ante instituciones públicas. Se reunió con responsables políticos. Ayudó a recaudar fondos. Produjo el documental Yo soy evidencia y utilizó su notoriedad para mantener el problema ante la opinión pública.
Y el esfuerzo produjo resultados.
En mayo de 2026, los cincuenta estados de Estados Unidos, además de Washington D. C. y Puerto Rico, habían aprobado al menos uno de los seis pilares propuestos por la campaña.
Maine se convirtió en el último estado en alcanzar ese primer nivel de reforma.
Eso no significa que todas las pruebas pendientes hayan sido analizadas ni que todos los territorios hayan aplicado los seis pilares completos.
Pero sí representa un avance histórico: por primera vez, todos los estados habían reconocido mediante alguna medida legislativa que aquellas pruebas no podían seguir siendo ignoradas.
Una detective ficticia puede conseguir justicia antes de que termine un episodio.
La actriz que la interpreta dedicó más de dos décadas a perseguir cambios reales.
Una prueba sin analizar.
Una ley.
Un estado cada vez.
Hasta conseguir que los cincuenta estados dieran al menos un primer paso.
El personaje interpretaba un papel.
La actriz ayudó a construir algo verdadero.
Fuente: End the Backlog ("Un paso trascendental para acabar con la acumulación de pruebas de agresión sexual", 6 de mayo de 2026)