16/11/2017
Durante el embarazo, el cuerpo de la futura mamá experimenta muchos cambios en el plano físico, funcional y psicológico, y ha de adapatarse de la mejor manera posible.
La reflexología podal puede ayudar antes, durante y después del embarazo.
Durante las primeras etapas del embarazo. Esta técnica se recomienda a la mujer para facilitar la adaptación entre la madre y el bebé durante la gestación. Una vez ya pasadas las primeras catorce semanas, la reflexología podal es buena para reducir la ansiedad y el estrés, tratar el estreñimiento, problemas de presión sanguínea, dolores de espalda, acidez, insomnio, hemorroides, vómitos y mareos, dolor muscular, calambres y trastornos urinarios, siempre dejando la zona refleja de ovarios y matriz sin tratar por ser una contraindicación durante el embarazo. Se recomienda que no sea sólo la futura madre la que reciba el tratamiento reflexológico, ya que el hombre también puede beneficiarse con las técnicas de relajación.
Preparación al parto. Los masajes reflexológicos ayudan a la mujer a prepararse para afrontar el parto, ya que permite la natural estimulación de las hormonas que participan en él, como son la oxitocina, la adrenalina y las endorfinas. La terapia reflexológica permite que las contracciones se desarrollen de la mejor manera posible, evitando que la madre tenga que recibir dosis extras de oxitocina artificial.
Durante el puerperio. Los organos que le habían cedido su espacio al útero, vuelven a situarse en sus posiciones iniciales durante el posparto hasta lograr el equilibrio del cuerpo. Durante este proceso, la reflexología podal actúa recuperando, de forma natural, la armonía de todos los sistemas, favorece la relajación, alivia las tensiones y los dolores propios de esta etapa.