21/06/2026
En un día como hoy, pareció prudente también hablar de esto cuando hay ausencia de un papá. Esta frase de Mon Laferte describe una de las heridas más silenciosas: seguir esperando que alguien cambie o nos elija para recién ahí sentir que valemos.
En sesión a veces aparece esta temática. Al acompañar diferentes procesos, veo cómo para algunas personas el Día del Padre reactiva una pregunta que dolió toda la vida: ¿por qué no fui yo la elegida?
A veces se crece buscando ser los elegidos por esa figura. Se busca que nos escojan, que nos valoren y nos demuestren que somos importantes.
Cuando las infancias se desarrollan bajo esa falta de presencia, la adultez plantea una realidad diferente: nuestro valor no depende de ser elegidos por otros. Depende de ser capaces de reconocerlo nosotros mismos.
Cuando se vive pendiente de la aprobación externa, siempre existirá el miedo a no ser suficientes, a ser reemplazados o a quedar en segundo lugar.
A algunos les pasa que intentan buscar esa paternidad y ese reconocimiento que faltó en una pareja, en los amigos o en la sobreexigencia diaria, influyendo en sus decisiones y en la forma en que se perciben.
El camino hacia la integración de esta herida no implica competir por un lugar en la vida de quien decidió no estar, sino aprender a dejar de esperar que otros llenen ese vacío.
Porque la verdadera seguridad no nace cuando alguien nos dice “Te elijo”, sino cuando somos capaces de mirarnos y decirnos: “Reconozco mi valor, incluso cuando nadie más lo hace”. Ser elegido puede sentirse bien.
Elegirse a uno mismo transforma por completo la manera en que vivimos. Si sentís que estás transitando este proceso y buscás un espacio para ordenar estas emociones, recordá que la terapia es un lugar seguro para empezar a elegirte .