AcroYogAndando invita a estar en movimiento, incluso estando físicamente en el mismo lugar. Curiosidad y ganas de experimentar motivaron a nuestras familias a regalarnos desde chicos la posibilidad de explorar otros horizontes más allá de ese que veíamos a diario. Necesitamos irnos a miles de kilómetros de casa para conocernos y empezar a soñar juntos. De vuelta en Argentina, y en medio de un cump
leaños familiar, descubrimos AcroYoga. Práctica que nos atrapó desde el comienzo. Ya entusiasmados, viajamos a Córdoba al BeAcro (retiro de acroyoga organizado por la kula cordobesa) para enamorarnos perdidamente y seguir descubriendo todo el potencial humano que tiene. Llenos de amor, felicidad y entusiasmo, volvimos a Buenos Aires al reencuentro con nuestros dos grandes maestros para seguir sumergiéndonos en la práctica cada vez con más compromiso y dedicación. Un año más tarde nos enteramos que el BeAcro se volvía a hacer. Claramente, ahí estuvimos. No nos costó mucho tiempo sentir que nos fascinaba compartir y expandir la práctica. Una invitación como asistentes de clase llegó, después fue un taller en Tandil, y otro, y otro, ¿y si nos animamos a dar una clase solos? La Plata nos abrió las puertas, y a la vuelta de la esquina estaba Córdoba otra vez esperándonos y el AcroBhakti (Acroyoga Teacher Training) que nos transformó. Como siempre estamos en movimiento, una vez más nos fuimos lejos de casa, para redescubrir que a cualquier lugar lo podemos llamar “casa”. Nuevos desafíos se toparon con nosotros… ¿dar clases en inglés?, pero si ni siquiera conocemos el vocabulario, ¿cómo vamos a hacer? Inclusión, la voz de nuestros nuevos maestros resuena en medio de una clase, hay que corregir sobre la marcha y que este encuentro sea en inglés. El contexto es muy distinto, espacio abierto, hace frío, hay que levantar la voz para que nos escuchemos y las personas con quienes compartimos la práctica no siguen una rutina similar; la clase de hoy la pasamos para el jueves así pueden estar todos. En medio de todo esto, descubrimos que vamos a ser mapadres. Alegría infinita, un sueño que se hace realidad, ¿pero ahora qué hacemos? Totalmente, volvamos a casa, a la que queda allá, en Argentina. Barajar y dar de nuevo. ¿Por qué será que nos seduce tanto la idea de empezar de nuevo, incluso sabiendo que al poco tiempo de empezar de nuevo, vamos a volver a empezar de nuevo? Estamos andando, aunque estemos en el mismo lugar.