09/04/2026
Hay momentos en la vida en los que, sin darnos cuenta, nos vamos corriendo de nosotras mismas.
No es de un día para el otro.
Es sutil.
Entre los hijos, la rutina, las responsabilidades…
toda nuestra energía empieza a ir hacia afuera.
Y una parte nuestra queda en pausa.
No desaparece.
Pero deja de tener lugar.
Hasta que un día… algo se empieza a mover.
Una incomodidad.
Una sensación de “quiero algo más”.
Aunque no sepamos bien qué.
Y ahí muchas veces pasa algo:
empezamos a elegir lo inmediato.
Lo que alivia, lo que nos saca del cansancio, lo que nos da un poco de aire.
Pero no siempre es lo que realmente queremos.
Y entonces aparece esa sensación…
de estar un poco desconectadas de nosotras mismas.
Entendí que no es falta de deseo.
El deseo está.
Lo que muchas veces falta… es poder sostenerlo.
Sostenerlo cuando estamos cansadas.
Cuando es más fácil ir por lo rápido.
Cuando la inercia tira más fuerte.
Y ahí cambia todo.
Porque elegirme no es hacer siempre lo que tengo ganas en el momento.
A veces, elegirme…
también es sostenerme.
No es volver a ser la de antes.
Es construir una versión nueva.
Una donde el deseo tenga lugar,
pero también dirección.
Creo que muchas estamos en ese punto.
Y tal vez no se trata de hacer más,
ni de exigirnos más.
Sino de empezar a elegirnos distinto.