07/05/2026
Las comidas en casa se volvieron un momento de tensión.
Tu hijo come despacio, se angustia, siente que la comida no pasa. Y vos, sin darte cuenta, empezás a hacer cambios. Cortás la comida más chiquita, das más agua, prestás atención a cada bocado.
Pero la tensión no desaparece. Al contrario.
Lo que parece un problema con la comida, muchas veces no lo es.
Es ansiedad. Que aparece en el cuerpo. En la garganta, en el pecho.
Y cada vez que nos adaptamos a ese síntoma, le confirmamos a nuestro hijo que hay algo real de qué preocuparse. Y así, sin querer, el síntoma crece.
Trabajé con una mamá que vivía exactamente esto. Le sugerí que durante las comidas dejaran de cortar la comida en pedacitos, de estar atentos a cada bocado, de servir agua de más. Que siguieran hablando entre ellos, como siempre, como si nada.
Después de unas semanas, el síntoma prácticamente había desaparecido.
Si reconocés esta situación y no sabés cómo manejarlo,
escribime por DM.