12/08/2021
LA PANDEMIA Y EL CUIDADO ALIMENTARIO DEL NIÑO
En estos momentos de angustia y aislamiento, donde la comida se convierte en una gratificación rápida y universal, es menester tener muy en cuenta lo siguiente:
… El primer año de vida es la etapa donde se termina de “organizar” el tejido adiposo del niño, atrofiándose el excedente no utilizable, o fijándose como tejido “funcionante” para el resto de la vida.
Todo lactante que en sus primeros seis meses de vida tiene una afinidad importante hacia la comida, con ingestas calmas y sin problemas, con una actitud sedentaria y con grandes ciclos de sueño (inclusive nocturno) debe ser vigilado en la evolución de su peso.
Contrariamente, cuando el niño es inquieto y poco demandante de la comida, con dificultad para lograr que cumpla sus secuencias alimentarias, el peso no implicará un riesgo potencial para su futuro.
… En el primer año de vida, el niño se juega a “todo o nada” su futuro como obeso potencial.
La alimentación natural (amamantamiento), tendía un rol preventivo contra la obesidad mientras la alimentación artificial (biberón) sería facilitador de la obesidad, aunque no todos los lactantes alimentados a pecho serán niños o adultos delgados ni los criados a biberón obesos.
Transitada esta primer etapa, el cuidado en la infancia y adolescencia radica en en el alto riesgo que un niño gordo suele llegar a ser un adulto gordo.
Para ser obeso, el niño debe recibir un excedente de comida suficientemente importante y suficientemente prolongado en el tiempo para activar la predisposición genética subyacente, la que asciende al 40% con un padre obeso y al 80% si ambos progenitores lo son.
… Según Mayer “El gordo engendra al gordo”.
Si bien la herencia tiene su influencia, los factores no hereditarios de la herencia cultural son tanto o más importantes al momento de “fabricar” un niño obeso que la acción de los propios genes.
Entre estos factores sobresale en primer lugar la relación madre-hijo que en gran medida durante la infancia se centran en la comida; Madres inseguras o ansiosas suelen “fabricar” niños obesos al acosarlos con comida cada vez que lloran.
Las enfermedades o intervenciones quirúrgicas, la frustración que siente el niño cuando se siente objeto de burlas y bromas, o la habitual inactividad física incrementan y perpetúan los estados de obesidad del niño en cuestión.
Clínicamente, de entre las muchas complicaciones físicas de la obesidad, podemos rescatar que aunque el niño obeso, aunque es más alto que sus compañeros, suele terminar siendo un adulto más bajo que todos ellos.
Extractado de: “Ser obeso o nacer obeso”, tercera parte del libro “La obesidad desconocida” del Dr. Rubén Merciel, editado en 2011.
Fundación Alimentaria “Sueños y Utopías”
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