16/04/2026
A veces nos resistimos a ir al médico.
Como si escuchar el cuerpo fuera suficiente… o como si pedir ayuda fuera una derrota.
Pero también es parte del camino rodearnos de profesionales que sepan mirar el cuerpo en movimiento, no solo en reposo.
Hoy me tocó frenar.
Una infiltración en el hombro por el manguito rotador… y, sobre todo, una pausa para escuchar.
Y ahí entendí algo importante: no se trata solo de “arreglar” lo que duele, sino de tener a alguien que te guíe, que te explique qué sí, qué no… y que entienda tu forma de habitar el cuerpo.
Encontrar un traumatólogo que no solo vea la lesión, sino también tu deseo de moverte, de entrenar, de seguir… hace toda la diferencia.
Alguien que acompañe desde el conocimiento, pero también desde la empatía.
Que no rete… (aunque a veces lo merezca 😅), sino que ayude a ordenar.
Porque sí, amo moverme.
Y también estoy aprendiendo a escucharme.
A respetar los tiempos.
A entender que parar también es parte del proceso.
Y que una buena guía puede transformar una lesión en una oportunidad de volver más consciente, más fuerte… más presente.
Mover el cuerpo, sí.
Pero también escucharlo.
Y desde ahí… volver.
Gracias .juandania por acompañarme en este proceso, por explicarme, guiarme y entender mi forma de vivir el cuerpo