09/06/2026
No todas las miradas tienen el mismo peso.
Hay personas cuya mirada apenas registramos. Y hay otras capaces de acompañarnos durante años, incluso cuando ya no están.
Quizás porque nunca recibimos una mirada de manera neutral.
Desde el comienzo de la vida somos mirados antes de poder decir quiénes somos. Somos imaginados, esperados, nombrados y significados por otros.
Por eso la mirada no sólo observa.
También transmite algo de deseo, de reconocimiento, de expectativa o de rechazo.
Y aunque creamos haber dejado atrás esas primeras experiencias, muchas veces seguimos buscando en ciertas miradas algo más que una opinión.
Buscamos una confirmación.
Una respuesta.
Una señal de que ocupamos un lugar para alguien.
Tal vez por eso algunas miradas tranquilizan y otras inquietan. No únicamente por lo que vemos en ellas, sino por aquello que creemos leer.
Porque la mirada del otro nunca es sólo la mirada del otro.
También es el modo en que nuestra historia nos enseñó a recibirla.
Natalia | Psicóloga