25/05/2023
Esta es una bella frase de Freud, enunciada en sus Tres ensayos de teoría sexual (1905).
Freud relata la escena –en un viaje nocturno en tren– de un niño que se encuentra a oscuras con su tía, está inquieto y le pide que le hable. Ella le advierte que, por más que le hablara, seguirían en la oscuridad. Y el niño responde “hay más luz cuando alguien habla”.
Cuando alguien habla, hay alguien ahí. Es difícil encontrar una manera más precisa y luminosa de dar cuenta del modo en que sentir la presencia de otro –no sólo cerciorarse de su existencia– es inseparable de las palabras.
En un análisis, el lugar del analista toma este lugar en donde se juega la palabra, muchas veces sin la mirada, que tranquiliza y calma. En momentos en donde el relato del paciente puede ser angustiante, cercano a esta experiencia de oscuridad como la relatada en la frase, la presencia del analista, sus palabras de sostén e intervenciones resultan imprescindibles para ayudar a transitar el proceso.
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