29/06/2026
Cuando los chicos nos llenan de preguntas, nuestra respuesta automática como adultos suele ser darles la solución de inmediato (a veces por cansancio, otras por practicidad). Sin embargo, cada "¿por qué?" es una oportunidad de oro para encender su curiosidad en lugar de apagarla con una respuesta digerida.
Como psicóloga (y viviendo de cerca los desafíos de la crianza), descubrí que una de las herramientas más potentes para el desarrollo emocional y cognitivo no es enseñarles qué pensar, sino cómo pensar. Y eso se logra haciendo preguntas.
¿Qué pasa cuando repreguntamos?
En lugar de decirle "no toques eso porque se rompe", podemos preguntar: "¿Qué creés que pasaría si eso se cae?". Al cambiar el chip, obligamos a su cerebro a anticipar consecuencias, a buscar soluciones y a tolerar la pequeña frustración de no tener la respuesta inmediata. Pasamos de un niño pasivo que obedece a un niño activo que comprende.
Probalo en casa y contame cómo te fue ✨