16/04/2026
Hoy, 16 de abril, en Argentina se conmemora el Día del especialista en Endocrinología, en homenaje al nacimiento del Dr. Arturo Oñativia. Su legado no interpela solo por lo que hizo en Endocrinología, sino también por la idea de medicina que representó: formación seria, compromiso sanitario y una mirada profundamente social de la práctica profesional. Hay, por supuesto, motivos para celebrar, pero también para reflexionar
La primera tiene que ver con el intrusismo y con la progresiva dilución de los límites entre disciplinas. No se trata de cuestionar el trabajo interdisciplinario, que es indispensable y enriquecedor, sino de advertir que una cosa es construir complementariedad entre especialidades y otra muy distinta es avanzar sobre áreas de conocimiento ajenas, abordando problemas complejos sin la formación específica ni la articulación adecuada. Cuando eso ocurre, no solo se empobrece la calidad académica: también se resiente la atención integral de los pacientes.
La segunda reflexión se vincula con la banalización de nuestro campo. Vemos con preocupación cómo proliferan ofertas, discursos y supuestas capacitaciones que reducen la Endocrinología a prácticas simplificadas, intervenciones de moda o promesas de rápido rédito económico. Se ofrece expertise hormonal como si se tratara de un producto de mercado, desligado del conocimiento fisiopatológico, de la evidencia y de la responsabilidad clínica. Y lo más inquietante es que, muchas veces, el argumento de venta no es la salud del paciente, sino la rentabilidad del profesional.
La tercera reflexión es, quizás, la más incómoda. En un contexto en el que tantos pacientes ven amenazado su acceso a la salud, a la atención especializada y a tratamientos esenciales, nuestra voz como comunidad profesional no siempre ha tenido la claridad ni la fuerza que la realidad exige. En un contexto en el que cada vez más pacientes encuentran obstáculos, nuestro silencio también dice algo.
Tal vez honrar a Oñativia no sea solamente en una efeméride, sino recuperar una forma de ejercer la Endocrinología: con rigor, con ética, con compromiso con los pacientes y con una conciencia activa de la realidad social.