10/03/2026
Día de la Mujer ¿solo frases vacías? (Parte II)
Si en el Antiguo Testamento vimos a Sara, Rebeca y Lea como mujeres que sostienen y transmiten la promesa de Dios dentro de la historia de Israel, en el Nuevo Testamento aparece una figura femenina central, y ella es María.
Muchos teólogos cristianos la han interpretado como la “Nueva Eva”, una figura que conecta directamente con el relato del Génesis y con el tema de la redención.
En el Antiguo Testamento, varias mujeres participan en la historia de la promesa —a veces de manera discreta, otras decisiva—. En el Nuevo Testamento, María aparece como la mujer en la que esa promesa comienza a cumplirse.
María ¿cómo puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
En la teología cristiana antigua, especialmente en los Padres de la Iglesia, se desarrolló un paralelismo entre Eva y María.
Algunos de los primeros teólogos ya hablaban de esta relación. Ireneo de Lyon (siglo II) afirmó que “el n**o de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María”.
La idea central de esta comparación es clara:
Eva - mujer - participa en la caída de la humanidad.
María - mujer - participa en el comienzo de la redención por eso se la ve en muchas imágenes aplastando a la víbora.
No porque María salve por sí misma, sino porque coopera libremente con el plan de Dios.
El momento clave de esta cooperación aparece en el relato de la Anunciación (Lucas 1:26-38). Cuando el ángel le anuncia que será la madre del Mesías, María responde “ee aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”
Ese “sí” libre es visto por muchos teólogos como el momento en el que la historia de la salvación da un giro decisivo: la encarnación comienza con la aceptación humana de María.
¿Qué papel tiene María en el Nuevo Testamento?
El Nuevo Testamento presenta varias dimensiones de su figura, como modelo de fe (María cree antes de ver, en Lucas 1:45 se dice “Bienaventurada la que creyó”); colaboradora en la encarnación (el relato bíblico presenta su consentimiento como parte del misterio de la encarnación); presencia en momentos clave de la vida de Jesús (María aparece en varios episodios importantes como el nacimiento de Jesús, el primer milagro en Caná, al pie de la cruz y con la primera comunidad cristiana); y Madre espiritual (desde la cruz, Jesús le confía al discípulo amado, y Muchos cristianos interpretan este gesto como un símbolo de María como madre de los creyentes).
María tiene un papel único, pero no actúa aislada; José también participa en la acogida del plan de Dios. Eso conecta muy bien con la idea de que el reconocimiento del papel de la mujer no implica oposición con el hombre, sino colaboración.
José y María: una historia de colaboración
Aunque María ocupa un lugar central en el relato de la encarnación, el Evangelio también presenta a José como una figura clave en esta historia.
El Evangelio de Mateo describe a José como “justo” (Mateo 1:19). Cuando descubre que María está embarazada, decide no denunciarla públicamente. Más tarde, tras el mensaje del ángel en sueños, acepta su misión y toma a María como esposa, asumiendo la responsabilidad de cuidar de ella y del niño.
José no habla en los evangelios, pero sus acciones muestran obediencia y confianza en Dios, acoge a María, da nombre a Jesús, protege a la familia huyendo a Egipto y los guía de regreso.
Si María representa el “sí” que permite que Dios entre en la historia, José representa el “sí” que protege, sostiene y hace posible que esa historia continúe.
La encarnación, por tanto, no aparece como la obra de una sola persona, sino como una historia de cooperación: Dios actúa, María responde con fe, y José acompaña y sostiene esa misión.
Un recordatorio para hoy
María dijo “sí”.
José sostuvo ese “sí”.
Y así con estas palabras tan simples y sencillas, comenzó una historia que cambió el mundo.
Cuando se trabaja el tema de María y José (sobre todo cerca del Día Internacional de la Mujer) muchas veces se nos pasan por alto otros padres importantes del relato bíblico. En el caso de Juan el Bautista, sus padres también tienen una historia muy bonita y significativa.
Isabel (madre de Juan el Bautista)
Isabel era una mujer justa y fiel, casada con Zacarías. Según el Evangelio de Lucas, era pariente de María. Ella y su esposo no podían tener hijos y ya eran mayores. Cuando María fue a visitarla (la escena llamada La Visitación), el niño que llevaba en el vientre saltó de alegría, reconociendo a Jesús.
Isabel es un ejemplo de fe, alegría, y confianza en Dios incluso en la vejez. Por eso encaja muy bien en una reflexión sobre las mujeres de la Biblia.
Por su parte Zacarías (padre de Juan el Bautista) era sacerdote del templo de Jerusalén. Mientras servía en el templo, el Arcángel Gabriel le anunció que tendrían un hijo. Como dudó por su edad, quedó mudo durante todo el embarazo. Cuando nació el niño, escribió: “Juan es su nombre”, y recuperó el habla. Entonces proclamó un canto de alabanza conocido como el Benedictus.
María e Isabel: dos mujeres que confían en Dios.
José y Zacarías: dos hombres que reciben una misión especial.
Jesús y Juan: dos niños cuyas vidas estarán unidas.
Isabel apoya y bendice a María, algo muy significativo al hablar del Día de la Mujer: mujeres que se acompañan y se reconocen mutuamente.
Al mirar la historia bíblica, vemos que las mujeres no son personajes secundarios ni meros adornos en el relato: participan activamente en la historia de la promesa de Dios.
Pero también vemos que esa historia rara vez se construye en solitario. La Biblia presenta una dinámica constante de colaboración entre hombres y mujeres dentro del plan de Dios.
Quizá por eso el Día de la Mujer puede ser más que frases vacías si sirve para recordar algo que la propia Biblia ya muestra: que la historia de la fe —y también la historia humana— se construye cuando hombres y mujeres participan juntos en algo que los supera.