10/04/2019
"Pero con vos no trabaja, juega "
Así me decía la mamá de un niño que atendía en el consultorio. ¡Como si jugar no fuera un trabajo!
Sí, los psicoanalistas de niños JUGAMOS. Ponemos nuestro cuerpo al servicio de lo que sucede ahí, en ese encuentro con ese niño. Y trabajamos jugando, para que con ese juego, sucedan cosas.
Es que si en la infancia las cosas suceden jugando ¿por qué ocurriría otra cosa en la sesión de terapia?
Ahora, se viene la otra pregunta, ¿Por qué el psicoanálisis?
Creo que esta es un poco más difícil de explicar, veamos qué sale:
-Porque con la ESCUCHA (cuando hablan) y con la LECTURA psicoanalíticas (cuando se juega, cuando se escribe, cuando se cancela un turno, cuando se hace) , puedo divisar cuestiones vinculadas con el inconsciente, posiciones desde las que se dice cuando se habla, olvidos, fallidos, cuestiones relativas al amor, a los vínculos... que sí, son actuales, pero están constituidos, atravesados, minados de otras cosas que desde otras teorías se pasan por alto (la propia historia, mandatos familiares, sociales, culpa, etc) .
-Porque, en el consultorio, con el psicoanálisis puedo divisar que el síntoma del niño, nunca es algo sólo de él: se da en un contexto familiar y social, y ubica al niño en un lugar para los otros que lo rodean. Y pensarlo así, tiene sus consecuencias para abordar el trabajo.
-Porque, en los talleres de juego, el psicoanálisis me permite pensar al niño como sujeto en construcción. Lo que implica que sólo desde el juego, y con el armado de un cuerpo (en el que intervendrán los Otros primordiales -función materna y paterna-, el deseo, la disponibilidad y por supuesto también la biología) las funciones que parecen ser cosa de todos los días como correr, caminar, hablar, aprender, dibujar, sociabilizar podrán desarrollarse.
- Porque, con la mirada del psicoanálisis, el trabajo con los padres, será pensar juntos qué lugar quieren ocupar con sus hijos, desmitificar conceptos, aflojar con la culpa, encontrar el deseo (con sus aristas, con sus miedos, con sus contradicciones), cuestionar, preguntar, acompañar y sostener.
¡Sí, con todo eso trabajamos los psicoanalistas de niños!