19/07/2026
Adolescencia, redes sociales y la presión social
En las redes sociales comenzó a extenderse entre adolescentes y jóvenes una tendencia llamada looksmaxxing: intentar “maximizar” la apariencia física mediante ejercicio, dietas, cuidados estéticos y, en sus formas más extremas, sustancias o prácticas capaces de producir daño.
Podría parecer una moda más. Sin embargo, nos permite observar algo importante sobre la manera en que muchos adolescentes están construyendo hoy su identidad.
Desde la psicología sabemos que la adolescencia es una etapa especialmente sensible para la construcción de la imagen corporal. El cuerpo cambia, la identidad todavía se está organizando y la mirada de los pares adquiere una enorme importancia. No se trata solamente de preguntarse “¿cómo me veo?”, sino también:
“¿Quién soy?”
“¿Dónde pertenezco?”
“¿Qué tengo que ser para que me acepten?”
Siguiendo el pensamiento de Ana María Fernández, la subjetividad no se forma de manera aislada ni es independiente de la época. Se produce dentro de una trama de vínculos, instituciones, discursos y relaciones de poder. Hoy las redes sociales forman parte de esa trama.
La diferencia es que, en ellas, la mirada de los demás parece no descansar nunca.
El adolescente puede observarse, compararse y corregirse durante todo el día. Una fotografía, un comentario o la falta de reacciones pueden convertirse rápidamente en una evaluación de su cuerpo y, desde allí, de toda su persona.
Esto es lo que en psicología llamamos una autoestima excesivamente dependiente de la validación externa: el sentimiento de valor personal queda sujeto a las respuestas de los demás. Un elogio produce alivio, pero una mala fotografía, una burla o la ausencia de “me gusta” pueden provocar vergüenza y una fuerte caída de la confianza.
El problema no está en querer cuidarse, entrenar, vestirse mejor o sentirse atractivo. Aparece cuando mejorar deja de ser una elección y se transforma en una condición para sentirse querido, respetado o incluido.
En ese punto, el espejo ya no devuelve solamente una imagen. Devuelve una clasificación:
“Soy suficientemente atractivo.”
“No soy suficientemente masculino.”
“Nadie va a elegirme si sigo siendo así.”
Las redes, además, no funcionan como un espejo neutral. Sus algoritmos tienden a mostrarnos más contenido parecido a aquello que miramos. Si un adolescente comienza a interesarse por videos sobre defectos faciales, musculatura o técnicas para modificar el cuerpo, puede terminar expuesto a un universo en el que la apariencia parece ocuparlo todo.
Desde el campo grupal podemos comprender que estos ideales no actúan solamente sobre cada adolescente de manera individual. Circulan dentro de comunidades, se comparten, se validan y construyen códigos de pertenencia. El grupo puede ofrecer identidad y compañía, pero también imponer silenciosamente las condiciones para ser aceptado.
El artículo de Infobae sobre el looksmaxxing� señala que esta tendencia puede favorecer la comparación permanente, la ansiedad, el aislamiento, la dismorfia corporal y los trastornos alimentarios. También advierte sobre prácticas extremas, como el consumo de sustancias para modificar el cuerpo o el bonesmashing, que consiste en golpearse para intentar cambiar la estructura facial.
La dismorfia corporal no es una simple preocupación por verse bien. Implica quedar atrapado en uno o más defectos que la persona percibe en su apariencia, aunque para los demás sean pequeños o incluso imperceptibles. Puede llevar a revisarse constantemente, evitar fotografías, aislarse o buscar procedimientos estéticos sin encontrar nunca tranquilidad.
Pero hay algo todavía más profundo: aunque se presente como una búsqueda de belleza, muchas veces se trata de una búsqueda de pertenencia.
Por eso no alcanza con decirles que “no hagan caso”, quitarles el celular o responder que todo es una cuestión de autoestima. Necesitamos interesarnos por lo que están viendo y preguntar sin burlas ni críticas:
¿Qué te atrae de ese contenido?
¿Cómo te sentís después de verlo?
¿Te ayuda a cuidarte o hace que nunca te sientas suficiente?
¿Sentís que necesitás cambiar tu cuerpo para ser aceptado?
También conviene prestar atención cuando la preocupación por la apariencia empieza a ocupar demasiado tiempo, afecta el sueño, produce aislamiento, lleva a abandonar actividades, genera una comparación constante o impulsa dietas, ejercicios y consumos riesgosos.
No se trata de demonizar las redes ni de prohibir todo deseo de mejorar. Se trata de ayudar a que el cuerpo pueda ser habitado y cuidado, sin convertirse en un proyecto interminable para conseguir aprobación.
Porque detrás de la obsesión por la apariencia rara vez hay solamente vanidad.
Muchas veces hay un adolescente preguntándose si, siendo quien es, encontrará un lugar donde pueda ser aceptado.
Lic. Eduardo Gianutti
Psicologiaonline.ar