06/06/2026
*Enuma Elish* Espacio de YogaArunachala Traslasierra y YogaKundalini Traslasierra HariOm- difundiendo la visión del Advaita Vedanta
Hoy: Jean Klein
En algunos momentos, solos con nosotros mismos, experimentamos una inmensa carencia interior, es esta la motivación madre que engendra a las demás. La necesidad de llenar esta carencia, de apagar esta sed, nos impulsa a pensar, a actuar. Sin interrogarla siquiera, huimos de esta insuficiencia, tratamos de llenarla a veces con un objeto, a veces con un proyecto, luego, decepcionados, corremos de una compensación a la siguiente, yendo de fracaso en fracaso, de sufrimiento en sufrimiento, de guerra en guerra. Esto es el destino del hombre común, de todos los que aceptan con resignación este orden de cosas, que juzgan inherente a la condición humana.
Observemos más de cerca. Engañados por la satisfacción que nos proporcionan los objetos, llegamos a constatar que causan saciedad y hasta indiferencia, nos colman un momento, nos llevan a la no carencia, nos devuelven a nosotros mismos y luego nos cansan, han perdido su magia evocadora. Por lo tanto, la plenitud que experimentamos no se encuentra en ellos, está en nosotros. Durante un momento el objeto tiene la facultad de suscitarla y sacamos la conclusión equivocada de que fue el, el artesano de esta paz. El error consiste en considerar este objeto como una condición de dicha plenitud.
Durante estos periodos de alegría, esta existe en si misma, no hay nada más. Luego, refiriéndonos a esta felicidad, le superponemos un objeto que, según creemos, fue lo que la ocasiono. Por lo tanto, objetivamos la alegría. Si constatamos que esta perspectiva en la cual nos hemos situado solo puede darnos una felicidad efímera, incapaz de proporcionarnos aquella paz duradera que está dentro de nosotros mismos, comprendemos, por fin, que en el momento en que alcanzamos este equilibrio, ningún objeto lo ha causado; la ultima satisfacción, alegría inefable, inalterable, sin motivo, esta siempre presente en nosotros, lo que ocurre es que estaba velada para nuestros ojos.
Namaste