23/06/2026
Lee con atención 👉 El adicto busca a mamá en la droga
Esta es una afirmación que puede resultar incómoda, pero vale la pena entenderla correctamente. Cuando desde el psicoanálisis se dice que el adicto busca a mamá en la droga, no se está culpando a las madres ni afirmando que ellas sean responsables de la adicción. Se está hablando de algo mucho más profundo. Se habla de la búsqueda de una experiencia. La experiencia de ser calmado, protegido, contenido y aliviado de manera inmediata. Así como un bebé encuentra tranquilidad en los brazos de su madre cuando siente hambre, miedo o malestar, muchas personas descubren que la sustancia les ofrece algo parecido: un alivio rápido frente a emociones que no saben cómo manejar.
Por eso la relación con la droga suele ser mucho más intensa de lo que la familia alcanza a comprender. No se trata únicamente del efecto químico. La sustancia se convierte en un refugio. Cuando aparece la angustia, ahí está la droga. Cuando aparece la soledad, ahí está la droga. Cuando aparece la frustración, ahí está la droga. Poco a poco la persona desarrolla una relación donde la sustancia parece comprenderla mejor que cualquier ser humano. La droga no exige explicaciones, no cuestiona, no confronta y siempre promete alivio, aunque después cobre un precio devastador.
Desde esta perspectiva, la adicción también nos habla de una enorme dificultad para tolerar ciertas emociones y ciertas experiencias de la vida. La persona termina buscando fuera de sí misma algo que le ayude a sostenerse por dentro. La sustancia ocupa un lugar que nunca fue diseñado para ocupar. Se convierte en compañía, en consuelo, en anestesia y en una falsa sensación de seguridad. Por eso dejar de consumir suele ser mucho más difícil de lo que muchas personas imaginan. No sólo se está renunciando a una droga; también se está renunciando a una forma de relacionarse con el sufrimiento.
Quizá por eso la recuperación no consiste únicamente en quitar la sustancia. Consiste en ayudar al sujeto a construir nuevas formas de sostenerse, de relacionarse con sus emociones y de enfrentar la realidad. Porque mientras la droga siga ocupando el lugar de aquello que calma, protege y acompaña, el deseo de volver a ella permanecerá presente. La verdadera recuperación comienza cuando la persona descubre que puede encontrar en sí misma, en sus vínculos y en su proceso terapéutico aquello que durante años buscó desesperadamente en una sustancia.