20/07/2026
Del zinc se habla poco, pero cuando falta se nota. Y no en un análisis: se nota en el corral. En pezuñas que se abren, en animales que renguean, en tropas que arrancan lentas y se enferman más de lo que deberían.
En encierre el animal come lo que le damos y nada más. No hay potrero que lo salve ni pasto que compense un mineral mal cargado: todo el zinc que va a tener sale de la ración. Por eso lo que importa no es tanto si está, sino si llega, y si llega parejo a todos los corrales.
¿Para qué lo necesita? El zinc forma la queratina, de la que están hechas la piel y la pezuña, y sostiene las defensas. En un feedlot eso pesa plata en dos puntos: las rengueras, de las pérdidas más caras que tenemos, y la respuesta de la hacienda recién bajada del camión, cuando llega estresada y con el desafío sanitario a pleno.
Ojo, carencia de manual casi no vas a ver. Lo común es la de al borde: engorda un poco menos, la pezuña aguanta menos, se enferma un poco más. No la ves de una, pero la pagás. Y no viene del suelo: viene de una fórmula floja o de un mezclado desparejo. Un núcleo mal integrado en el mixer, una segregación, y ya tenés unos que reciben de más y otros de menos.
Un detalle: el zinc de más te tapa el cobre. Por eso la relación entre ambos se cuida desde que se arma el mineral. Y no da igual la fuente: las formas orgánicas se aprovechan mejor que un óxido.
En criollo: no es tirar zinc, es que entre justo, parejo y equilibrado. Eso se ve después en pezuña, en sanidad y en kilos.