02/09/2026
Hoy me gustaría compartir una reflexión personal.
Dirigir personas me ha enseñado que los conflictos son inevitables. En cualquier equipo habrá desacuerdos, momentos de tensión y errores. Lo importante no es vivir sin conflictos, sino aprender a resolverlos con respeto.
También quiero reconocer algo: yo me he equivocado.
Hubo una persona, un fisioterapeuta, a la que hice sentir mal. Ya le pedí perdón en su momento, pero sigo recordándolo porque no me gusta pensar que pude causar sufrimiento a alguien. No escribo esto para justificarme. En aquel momento yo también estaba pasando por una situación muy difícil y necesitaba medicación por unos motivos x, pero eso no convierte mi reacción en la correcta.
La verdad es que ese error me ha pesado durante mucho tiempo. He dado muchas vueltas a lo ocurrido, he rumiado una y otra vez la situación y, a día de hoy, todavía me siento mal por ello. No porque quiera castigarme, sino porque creo que cuando hacemos daño a alguien, aunque no haya sido nuestra intención, debemos asumir nuestra responsabilidad e intentar ser mejores.
Desde entonces intento cambiar. Antes de dejar que el enfado me domine, procuro expresar lo que me preocupa con calma. Intento escuchar más, comprender más y reaccionar con mayor empatía y asertividad.
También creo en las segundas oportunidades. Todos podemos equivocarnos, y un error no debería definir a una persona. Pero una oportunidad solo tiene sentido si va acompañada de un compromiso real por aprender y cambiar. Cuando una misma conducta se repite una y otra vez y termina perjudicando al equipo, llega un momento en que la responsabilidad de un líder es proteger a las demás personas. Dar oportunidades no significa renunciar a poner límites. Hay momentos en que ya no se pueden dar oportunidades infinitas a alguien que se comporta mal (lo digo por el contable y recepcionista).
Como líder, también sé que nosotros nos equivocamos. No somos perfectos. Hay decisiones que, vistas con el tiempo, habríamos tomado de otra manera. Lo importante es tener la humildad de reconocerlo y seguir aprendiendo.
Pedir perdón no nos hace más pequeños. Nos hace crecer.
Y cambiar después de reconocer un error es, probablemente, la forma más sincera de demostrar ese perdón.
P. D.: Oye, ca**ón... 😂 Un "adiós" tampoco costaba tanto, ¿no?
En fin. Buena suerte.
Y madre mía... Cuanto lore el de hoy. Menudo capítulo. 😅