14/08/2026
IL DOLCE FAR NIENTE
Una de las cosas que más disfruto es Il Dolce Far Niente —el placer de no hacer nada— y no me provoca arrepentimiento ni culpabilidad.
Creo que en realidad aprendí a disfrutarlo desde niña. Los domingos eran días de familia, no salíamos a ningún lado y, después de comer, simplemente estábamos. No había que hacer nada relevante con el día.
Quizás por eso los domingos todavía tienen algo de sagrado para mí. Me quedo en casa, pongo ropa a lavar y puedo pasar horas viendo televisión, inmersa en mis rutinas de belleza, o sin hacer gran cosa.
Muchos años después conocí el concepto de Il Dolce Far Niente en Eat Pray Love, y me hizo gracia descubrir que aquello que yo hacía de manera tan natural tenía un nombre. También entendí que vivimos en una sociedad que parece tenerle fobia a no estar haciendo nada. Para valer, DEBES hacer algo. Trabajar, lavar los platos, recoger la mesa, cocinar, cuidar a los hijos y así un larguísimo etcétera.
No entiendo cuál es el problema de pasarse el día mirando a la nada o sentarse al sol como un gato. No necesitamos ser productivos todo el tiempo. Nuestra mente y también nuestro cuerpo necesitan descansar.
Si sientes hacerlo y puedes, tómate el día.
No laves los platos. No tiendas la cama. Prepárate un café. Mira al cielo y observa cómo se mueven las nubes. Enciende la tele y vuelve a ver por enésima vez esa película que te hace feliz. Navega por internet y mira miles de fotos. Sueña despierto...
O no hagas absolutamente nada y no te sientas mal por ello.
Qué infravalorado está el placer de simplemente Ser y Estar.
Il Dolce Far Niente es también una forma de disfrutar el estar vivo.