20/04/2026
Con la Resolución ASFI N.° 299/2026 del 8 de abril, las entidades financieras bolivianas pueden comprar y vender dólares al precio que libremente pacten con sus clientes, y el tipo de cambio oficial de Bs 6,96 quedó reducido a una referencia contable. En la calle ya lo sabíamos —el paralelo se movía entre Bs 10 y Bs 14— pero esta vez el Estado lo reconoce por escrito.
Sumale la eliminación del Impuesto a las Transacciones Financieras sobre operaciones en dólares aprobada por el Senado a inicios de mes, el recorte del 30% del gasto público, y el paquete multilateral superior a US$ 8.000 millones que negocia la administración Paz, y tenés un país que transita, de facto, hacia un régimen cambiario de mercado sin haberlo anunciado nunca como tal.
Acá es donde la economía conductual te ayuda a leer el momento mejor que cualquier editorial. Durante años convivimos con un "anclaje" poderoso: el Bs 6,96 funcionaba como una referencia cognitiva que hacía sentir que el boliviano "valía" algo fijo, aunque la realidad material —reservas internacionales netas en US$ 3.542 millones, 4,6% menos que a inicios de año, y una producción gasífera en caída estructural— dijera lo contrario. Ese anclaje generó una ilusión monetaria colectiva: precios internos que parecían estables, salarios nominales que aguantaban, y una clase media que planificaba como si el dólar oficial existiera. Cuando el anclaje se rompe, aparece lo que Kahneman llamó "aversión a la pérdida": la gente reacciona con pánico, corre al dólar paralelo, acapara bienes durables y reduce ahorro formal, profundizando la misma escasez que quiere esquivar.
La salida es práctica. Primero, rediseñá tu arquitectura de decisiones: separá gastos en bolivianos (consumo cotidiano, servicios, alquiler) de obligaciones en dólares y traslada lo más que podás tus ahorros, gastos a largo plazo e inversiones a una moneda más estable. Es recomendable el USD y USDT pero también sirven otras, de acuerdo a tu accesibilidad.